¡Ni más ni menos, señor Duarte Penayo!

Vergonzosas, indignantes y terriblemente peligrosas son sus declaraciones referentes a las víctimas del dictador Alfredo Stroessner, a quien usted pretende reivindicar manipulando cifras. Así, desviándose sutilmente de la esencia sanguinaria de este “tiranosaurio”, que fue su correligionario, usted pretende minimizar y hasta tolerar las “leves maldades” cometidas por este criminal que azotó al pueblo paraguayo durante 35 años.

Preocupantes y peligrosas son sus declaraciones, señor Duarte Penayo, pues ellas provienen nada menos de alguien que debe velar por la calidad educativa de nuestro país. Calidad, cuyo componente histórico debería basarse en la objetividad y en el respeto a la dignidad humana. Con sus supuestos números que, dicho sea de paso, aún esperan una cuantificación real, usted niega la esencia perversa e inhumana de este dictador, catalogándolo como “un Presidente constitucional”.

¿Ignora acaso usted que durante el mandato de este siniestro personaje el Paraguay fue una cárcel abierta, que fue el sitio del Panteón de los vivos (la Comisaría tercera), del campo de concentración de Emboscada, de la masacre de las Ligas Agrarias Cristianas y uno de los teatros de la Operación Cóndor? ¿Sabe usted que nosotros, los familiares de los desaparecidos, seguimos buscando los restos de nuestros seres queridos, que no están en sus fríos números? ¿Sabe usted que nosotros seguimos sintiendo la cruel tortura de ignorar dónde fueron arrojados sus restos?

¡No se trata de números, a propósito, indemostrables, señor! Se trata de la DIGNIDAD humana, de la condición humana, sea liberal, colorada, comunista u otra.

¡Deje de insultarnos, de torturarnos, de mentirnos, señor! Por lo menos, tenga la decencia de callarse.

Hija de Marciano Villagra, víctima de la dictadura, y hermana de Derlis Villagra, desaparecido.

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