Las tormentas que más generan estragos en la ciudad son las caracterizadas por fuertes vientos. Estos causan caída de árboles, ramas, cartelería y en algunos casos desprendimiento de techos, en especial los que son de chapa. Habitualmente, estas fuertes tormentas generan mayor afectación en las zonas cercanas a la costa, porque el viento toma fuerza y llega totalmente libre a tierra.
El ingeniero Victoriano Vázquez, de la Dirección de Prevención de Riesgos de la Municipalidad de Encarnación, trajo a colación la posibilidad de cambiar las regulaciones vigentes, y pensar en evitar construcciones débiles o propensas a daños en zonas de riesgo. En la costanera por ejemplo, evitar materiales livianos como chapas de zinc y cristales de vidrio templado en nuevas construcciones.
La idea es que por lo menos en los planes de construcción, se contemple que la actualidad de la ciudad, es una zona propensa a tormentas espontáneas en la que las ráfagas de viento pueden superar los 100 km/h. En consecuencia, si se construye, será necesario tener en cuenta estos factores. Una casa, un edificio o una ampliación deberá ser resistente para el futuro.
Las características de la ciudades del centro y oeste de Itapúa, hacen que pequeños arroyos se convirtieran en grandes cuerpos de agua embalsados por la represa de la Central Hidroeléctrica Yacyretá, ubicada en San Cosme y Damián. Las altas temperaturas hacen que se acelere el ciclo del agua, por lo que se pueden formar de manera repentina focos de precipitación y tormentas. Además, elementos ubicados en la costa como carteles y otros, constituyen un peligro para la ciudad. Los objetos fungen de proyectiles cuando son arrojados por las altas velocidades del viento, siendo un potencial riesgo para quienes se encuentren en su camino.
No se trata solamente de regular, sino de generar conciencia de que la naturaleza de nuestro entorno ha cambiado y tanto el presente como el futuro estarán marcados por esta situación climática errante y poco predecible. Será crucial adaptarse a este nuevo entorno, seguir apuntando al desarrollo, pero que sea sostenible y sustentable; pero por sobre todo seguro, porque las malas decisiones no solo ponen en peligro al afectado, sino que un techo de chapa que vuela por los vientos, es un peligro constante para la comunidad entera.
El problema radica en que el cambio constituye la necesidad de materiales más costosos, ¿habrá quienes podrán pagarlo y quienes quizá no? ¿Estaremos dispuestos a pagar el precio por la seguridad?
sergio.gonzalez@abc.com.py