Trump quiere clonar a Delcy Rodríguez

Antes de la madrugada del 3 de enero, que será recordada por el operativo militar estadounidense que capturó al gobernante venezolano Nicolás Maduro, nadie podía imaginar que Delcy Rodríguez sería su sustituta con la anuencia de la Administración Trump.

En realidad, desde hacía meses se urdía un “cambio de régimen” que consistió en nombrar presidenta encargada a la que fuera vicepresidenta de Maduro. Sus nuevos superiores le han confiado gestionar la transición que ahora tutela Washington.

Ni los analistas más avezados vislumbraron que esta chavista del núcleo duro iba a colaborar desde el principio –y aparentemente a espaldas del sucesor de Hugo Chávez– con el plan del presidente Donald Trump, diseñado y ejecutado por su secretario de Estado, Marco Rubio, de descabezar a Maduro y encomendarle a su entorno que liderara la normalización de relaciones entre los dos países. Una de las prioridades de Estados Unidos era obtener acceso al codiciado crudo venezolano.

Han transcurrido más de dos meses desde el arresto de Maduro y su esposa, Cilia Flores, y ya casi nadie habla de ellos. Tanto Delcy, su hermano, Jorge Rodríguez, como Diosdado Cabello hoy obedecen las órdenes de su antiguo adversario. Washington y Caracas escenifican una luna de miel con la reanudación de relaciones diplomáticas y firmas de acuerdos comerciales.

A medida que se liberan presos políticos a un ritmo que muchos desearían fuera más rápido, el bloque opositor, cuyos líderes todavía permanecen en el exterior, aguarda en el alero para regresar con garantías y la aspiración de participar en un proceso que culmine en unas elecciones libres.

Los tiempos los marcan Trump y Rubio. Y de ellos dependerá que las fuerzas chavistas les concedan espacios a figuras como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, a quien, pese a ser el presidente electo tras ganar las elecciones en 2024, en ningún momento Trump lo ha reconocido como tal, desde que seleccionó a Delcy para supervisar el protectorado en que se ha convertido el país sudamericano.

El mandatario estadounidense elogia frecuentemente a la presidenta encargada, a quien califica de “fantástica”. Está complacido por lo diligente que ella se ha mostrado en lo relativo a que el petróleo de Venezuela “comience a fluir” con destino a Houston.

Por si fuera poco, según las directrices de la Casa Blanca, lo está haciendo tan bien que su deseo sería encontrar “a una Delcy” en todos los países antagónicos donde el republicano interviene para imponer su “Doctrina Donroe”. En pleno conflicto bélico con Irán, Trump ha expresado que quisiera sustituir al líder supremo que acaban de eliminar, Alí Jameneí, con una versión iraní de la venezolana. Parece que el Departamento de Estado también busca otra Delcy en Cuba, donde, de acuerdo al presidente, las conversaciones al más alto nivel avanzan con el fin de que los castristas sigan la hoja de ruta de los chavistas.

Donald Trump exhibe una visión reduccionista del tablero geopolítico. Para él, lo que hasta ahora se ha obtenido en Venezuela se puede calcar en Irán, Cuba o, si no renuncia a su empecinamiento, hasta en la democrática y pacífica Groenlandia.

Él está convencido de que para lograrlo necesita a alguien con la disposición de Delcy Rodríguez, como si se tratara de una Barbie con cambio de vestuario según el país que representa. Pensándolo bien, lo que Trump quiere es clonar a Delcy. [©FIRMAS PRESS]

*La autora es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina.

Lo
más leído
del día