Jesús se revela

Este texto, conocido como “La samaritana en el pozo”, nos muestra una autorrevelación de Jesús, es decir, Él va manifestando progresivamente su identidad: ojalá todos los bautizados hicieran un proceso parecido.

Imaginemos el cuadro: un mediodía caluroso, un encuentro en un pozo con una mujer de Samaria, a quien Él le pide de beber. Ella extraña que le dirigiera la palabra un judío, pues eran pueblos que se evitaban mutuamente.

Enseguida, Jesús le pide que vaya a buscar a su marido y ella declara que no lo tiene. Él le dice que ya ha tenido cinco y el actual no es tampoco su marido. Ella se queda impactada y por causa de esta afirmación concluye que él es un profeta.

El otro paso es cuando ella empieza a proclamar a sus compatriotas que, posiblemente, Jesús sería el Mesías, y les invita a escucharlo. Sin embargo, no afirmó categóricamente que él era el Mesías, sino que lo sugirió en forma de pregunta. Lo cierto y concreto es que muchos fueron a encontrarse con él.

Jesús les predicaba así: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la vida eterna”. Es lo que necesitamos: agua, como símbolo de vida, que jamás se agotará.

Finalmente, los samaritanos dicen que creen que Jesús es el Salvador del mundo, no tanto por las palabras de la mujer, sino porque escucharon lo que Él les enseñaba.

Así, la revelación de Jesús se da en cuatro pasos: es un judío, un profeta, el Mesías y por fin, el Redentor del mundo.

Muchas enseñanzas podemos quitar de la perícopa, como, por ejemplo: tener la seguridad de que Dios nos busca en las cosas comunes y corrientes de la vida, quiere que nos encontremos con Él, porque este encuentro es como un agua viva, que sacia, y da un hermoso sentido para la existencia.

El inicio fue un cruce casual en el pozo, para expresar que no debemos estar pendientes de eventos extraordinarios, sino poner más atención en las “pequeñas cosas” que nos pasan.

Luego de comprender la revelación que Cristo hace de sí mismo, ella muestra una ejemplar actitud misionera, que conquistó a otros hacia la amistad con Él. Por ello, nosotros hemos de motivar a las personas para participar de la Misa dominical, para confesarse, especialmente en la Cuaresma.

Igualmente, esforcémonos más para que el bien común sea respetado en todas las dimensiones de la sociedad.

Paz y bien

hnojoemar@gmail.com

Lo
más leído
del día