Guerra a la economía

No es economía de guerra la que implementa el gobierno. Es una guerra a la economía de la gente necesitada. Una guerra feroz que deja miles de víctimas. Una guerra sin piedad.

El doctor Diego Gamarra, del Hospital Pediátrico “Niños de Acosta Ñu”, resume el drama: “Las sensibles carencias en la salud pública están subsidiando el despilfarro en otras áreas”. Es así. Para contentar a senadores, diputados, ministros, otras autoridades judiciales y administrativas, se deja sin medicamentos, sin atención médica, sin educación, a una gran parte de la población que, irónicamente, tiene que deslomarse en el trabajo honrado para que su dinero “subsidie despilfarros”.

El doctor Gamarra dijo más: “En los primeros meses del año se sintió una disminución en la disponibilidad de insumos y medicamentos como nunca antes en este centro médico al que recurren pacientes de todo el país”. Es que nunca antes el Paraguay tuvo senadores ni diputados como los actuales. Hubo, ciertamente, pillos y analfabetos funcionales, pero no ha sido una invasión. Los de ahora se dedican a tiempo completo a meter la mano en el erario público. Cada día saltan nuevas revelaciones de actos delictivos. ¿No son actos delictivos asignarse elevadas sumas de dinero en concepto de “yo merezco”? ¿Y por qué se merecen? ¿Por cumplir más o menos con su obligación? ¿No les alcanza la dieta? Cuando aspiraron al cargo ¿no sabían cuánto iban a cobrar? ¿Son insuficientes casi 40 millones de guaraníes mensuales? Les llaman dieta a lo que en la práctica es salario. La dieta se paga por asistencia a las sesiones. Y sus honorabilidades pueden ausentarse cuantas veces quieran, igual cobrarán la totalidad de su dieta.

Dice el doctor Gamarra que al hospital “Niños de Acosta Ñu” acuden pacientes de todo el país. ¿Y por qué acuden allí? Porque la localidad de donde vienen está peor. Agrega el doctor: “Se siente, sobre todo, una cierta sensación de angustia cuando a la hora de reponer un medicamento nos encontramos con trabas administrativas desde el ministerio de Economía”. Este ministerio no hace sino aplicar su ”economía de guerra” contra los más necesitados.

Estas trabas –trabas para abonar a las farmacéuticas, a las empresas que construyen rutas, la lista es extensa- son deliberadas. El Ejecutivo, si pagase sus deudas, se quedaría sin dinero para repartir a sus senadores, diputados y otras especies. ¿Por qué este privilegio desmedido? Porque el parlamento debe aprobar los proyectos de leyes que recibe.

El doctor Gamarra dice que las dificultades para obtener medicamentos –una situación inédita- obligan a los profesionales a reprogramar o retrasar cirugías.

Por el Dr. Gamarra sabemos que “a muchos profesionales del hospital se les siguen adeudando pagos del año 2025, algo que fue reclamado los primeros meses de este año. Si bien hubo un compromiso de subsanar la situación para febrero, todavía hay personal que no cobró todo lo que le corresponde”.

El médico del hospital para niños denuncia: “Estamos acostumbrados a ciertas carencias, pero lo que se está viviendo ahora es inédito, es mucho más duro de lo que se vivió en gobiernos anteriores”.

Si vamos a referirnos a los demás hospitales públicos, sería en los mismos o peores términos que los del doctor Gamarra.

Es posible que el dinero que se roba al Estado –robos con distintas etiquetas- no vaya a solucionar totalmente el problema de la salud, educación, etc. pero servirá para mitigar los padecimientos inmerecidos de miles de compatriotas con cuyos impuestos se multiplican los despilfarros.

La ciudadanía conoce los nombres de sus verdugos muchos de los cuales, si no todos, pedirán de nuevo que se los vote para seguir disfrutando de beneficios indebidos. Y lo conseguirán. He aquí nuestro drama.

alcibiades@abc.com.py

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