Resulta que la Constitución Nacional del Paraguay concede solamente permiso a los legisladores si aceptan un cargo de ministro o como diplomático, para lo que deben pedir permiso a la cámara de la que forman parte. Que sepamos, hasta ahora no existe el Ministerio del Acusado o la Embajada del Imputado.
Pero hace rato que lo legal dejó de ser un requerimiento en este periodo, el condenado senador colorado Erico Galeano también pidió un permiso similar. El legislador, ahora con permiso, fue condenado en primera instancia a 13 años de prisión por lavado de dinero y asociación criminal. En medio de su juicio amedrentó a una escribana que fue testigo clave de su condena. A pesar de todo, el Tribunal de Sentencia no aceptó que guarde prisión preventiva, destacando que Galeano cuenta con “inmunidad parlamentaria” a pesar de estar sin fueros.
Ahora resulta que, el también senador Hernán Rivas pide permiso, de una manera calcada a la de Galeano, y menciona en su nota que tiene el firme propósito de demostrar su inocencia ante los órganos jurisdiccionales y la ciudadanía. Pero no menciona nada sobre la supuesta, y grave, amenaza que habría realizado a una fiscala, buscando amedrentarla cuando ella podía apelar la absolución que se concretó por prescripción.
El objetivo habría sido que nadie más remueva los papeles en dicho caso, para evitar que salgan a la luz los lamentables detalles de una trama que si no fuera real carecería completamente de credibilidad en cualquier guion cinematográfico o televisivo. ¿Alguien puede creer que sea cierto que un legislador se haga pasar por profesional sin contar con un título habilitante? Y no solamente eso, es más inverosímil que aspire a juzgar a personas con décadas de ejercicio de la profesión. Pero aún más increíble que sus pares legisladores se lo hayan concedido sin ruborizarse.
Y pensar que otros legisladores se fueron por muchísimo menos (y alguno que otro de manera más que justificada). Sin juicios o condenas se vieron obligados a renunciar o perdieron la investidura ante simples sospechas, lo que evidencia que estas oportunidades de que sigan siendo legisladores con permiso sean aún más vergonzosas.
Lejos de los títulos habilitantes o de la legalidad de la medida que toman ambos legisladores, el papelón ante toda la ciudadanía a la que representan no se lo sacará nadie cuando salgan a la luz pública todos los detalles de estos casos.
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