Campañas vacías y dudosas

En menos de un mes se realizará el primer filtro de candidatos a concejales e intendentes del país, cuando el 7 de junio se lleven a cabo las internas simultáneas de los partidos y movimientos políticos. Hasta ahora, no hemos visto nada diferente a lo de siempre: carteles con los rostros hiperretocados de los postulantes esparcidos en las columnas de la ANDE, causando polución visual; bajada de línea a través de las redes sociales y los medios de comunicación; y hasta el reiterado uso de molestosos autoparlantes con ridículas músicas de autobombo.

Estamos lejos de presenciar debates de alto nivel o una verdadera confrontación de proyectos y propuestas para mejorar los servicios básicos en las ciudades. Pareciera que la prioridad sigue siendo ganar popularidad antes que convencer con ideas.

A esto se debe sumar la casi nula transparencia sobre los gastos que realizan en cartelerías, reuniones, conciertos y hasta sorteos de vehículos para congraciarse con sus adeptos. Los ostentosos eventos evidencian que las Declaraciones Juradas de Ingresos y Gastos de Campaña presentadas ante la Justicia Electoral están muy lejos de reflejar la realidad.

Resulta difícil creer que candidatos que apenas ocupan cargos menores o que nunca administraron recursos públicos puedan financiar campañas millonarias sin el respaldo de poderosos grupos económicos o políticos. Sin embargo, pocas veces se investiga con profundidad quiénes están detrás de esos aportes y cuáles serán las futuras contraprestaciones. La ciudadanía termina votando sin conocer realmente los intereses que acompañan a cada candidatura.

La ausencia de propuestas concretas también demuestra el bajo nivel del debate político actual. Mientras las ciudades enfrentan problemas urgentes como calles destruidas, falta de agua potable, caos en el tránsito y deficiencias en escuelas públicas, las campañas se concentran en jingles pegajosos, caravanas y espectáculos.

Las redes sociales, lejos de convertirse en espacios de discusión seria, muchas veces son utilizadas para campañas sucias, ataques personales y difusión de desinformación. En lugar de aprovechar estas herramientas para acercar propuestas y rendir cuentas, varios candidatos optan por alimentar la polarización mediática.

La democracia necesita mucho más que rostros sonrientes en gigantografías o caravanas ruidosas. Necesita candidatos preparados, capaces de debatir ideas, transparentar sus recursos y presentar planes de gobierno realistas. Mientras las campañas sigan vacías de contenido y llenas de dudas sobre su financiamiento, la política continuará alejándose de las necesidades de la ciudadanía.

tereza.fretes@abc.com.py

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