Pero volvamos a ella, hablamos de la niña que pasó su infancia en medio de sus abuelos, él ya bastante longevo. Conoció las calles de polvo con sus pies descalzos y disfrutaba tanto de las frutas de estación. Jugaba a trepar los árboles y destacaba por su buen sentido del humor, ese que iluminaba cualquier habitación en la que se encontraba presente.
Su abuela materna, quien la criaba como a una hija, priorizó siempre su educación y más tarde también la llevó a aprender un oficio en la costura junto a las religiosas de la zona. La niña siempre confesaba que lo que realmente aprendió ahí era a ser feliz, a compartir la alegría de las amistades que fue logrando. En esos lugares aprendió a vivir y disfrutar de la vida.
De igual manera, había algo que no la dejaba en paz y era la necesidad de saber de dónde venía, y más específicamente, quién era su padre. Su curiosidad tuvo frutos y la llevó a que, llegada una edad, sus parientes le confesaran el dato, pero lamentablemente no iba a poder conocerlo debido a que había ido, como tantos otros paraguayos de su edad a pelear la guerra que nos enemistaba con Bolivia.
La vida transcurría con la normalidad que podía tener para una niña en esos años difíciles para nuestro país. Finalmente, llegó una triste noticia: su padre - que ya había llegado al grado de teniente para ese entonces- falleció en la contienda chaqueña. Así como el suyo, miles de casos se multiplicaban en el país. Miles de paraguayos cayeron en medio de la guerra, algunos a causa de las balas y las bayonetas, pero otra gran mayoría fue víctima de una horrible muerte por la falta de agua, o la transmisión de enfermedades.
A cada uno de esos paraguayos es que debemos recordar cada 12 de junio, fecha en la que las armas dejaron de sonar. Esa era la realidad en ese entonces, los hombres iban a la guerra, muchos volvieron heridos y otros simplemente no volvieron. Dejaron sus vidas en la densa y agreste vegetación chaqueña.
Retomando la historia de la niña, el conflicto bélico no solamente la dejó sin posibilidad de conocer a su padre, la misma se quedó también sin su apellido. Su historia quedó modificada para siempre, para ella y sus descendientes. Aunque recordaba con cariño que llegó a ver a su abuelita paterna observarla detenidamente a la salida de la escuela, seguramente guardando en la memoria los nuevos recuerdos que le dejaba su hijo, el héroe del Chaco.
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