La Escuela Básica N.° 1407 Amigos de las Américas, de la compañía Olegario de Coronel Oviedo, es apenas un ejemplo de una problemática que se repite en innumerables comunidades rurales.
Resulta difícil comprender cómo una institución con 116 años de historia, que educa a más de 70 niños y constituye un punto de referencia para toda una comunidad, continúe dependiendo de rifas, ventas de comida y del sacrificio de padres de escasos recursos para cubrir necesidades que deberían ser responsabilidad del Estado.
La educación pública no puede sostenerse sobre la solidaridad de quienes apenas tienen para alimentar a sus familias.
Más preocupante aún es que las autoridades solo aparezcan cuando una denuncia toma estado público.
Recién entonces llegan las explicaciones, los informes y las aclaraciones.
Si la escuela ya figura en la microplanificación del MEC con un pedido de cocina-comedor, la pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo más deberán esperar los alumnos para que ese proyecto deje de ser un simple documento y se convierta en una obra concreta?
La indiferencia también quedó reflejada en el silencio de otras instituciones. La Gobernación de Caaguazú y la Municipalidad de Coronel Oviedo ni siquiera respondieron a los pedidos de información.
El silencio, en estos casos, también es una forma de desentenderse de una responsabilidad pública.
No se trata únicamente de construir un comedor o reparar una infraestructura. Se trata de garantizar condiciones mínimas para que los niños puedan estudiar con dignidad.
Cada año que pasa sin respuestas es una oportunidad perdida para decenas de estudiantes que merecen las mismas condiciones que cualquier niño del país, sin importar si viven a diez kilómetros del casco urbano o a pocas cuadras de una oficina pública.
La educación no puede seguir siendo protagonista de discursos cada vez que se presenta un informe de gestión y, al mismo tiempo, víctima del abandono cuando se recorren las escuelas del interior.
Gobernar también significa llegar hasta donde terminan los caminos de asfalto, porque es precisamente allí donde el Estado más falta hace.
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