Amigos

Como cada 30 de julio, este jueves, tenemos un día completo para juntarnos o recordar a aquellos que acompañaron nuestras vidas en algunos momentos, y varios lo hicieron como si fueran verdaderos hermanos, sin ninguna obligación más que el verdadero sentimiento de la amistad.

Un respiro, muchas actividades, el colegio de los niños paró por dos semanas, anduvimos a los trotes y el año ya corrió más de la mitad. Mientras, colegios u oficinas preparan seguramente el tradicional “amigo invisible”.

Cuando somos pequeños la amistad nace en cualquier canchita arenosa, en los recreos de la escuela, entre los hijos de los amigos de nuestros padres, en los intercambios de figuritas o simplemente compartiendo una pelota. La amistad se va afianzando compartiendo cumpleaños, organizando el stand de la Kermesse del colegio, una puesta en escena cualquiera o cualquier actividad en la que se encuentren nuestros socios.

Al paso de los años y estando inmersos en la adolescencia se amplían nuestros círculos y por medio de intercolegiales, actividades extracurriculares, del coro o de los clubes del colegio vamos conociendo nuevos caminos y nuevos mundos en los que somos felices compartiendo, sugiriendo canciones, libros, discos o películas; hablando con total confianza de esos primeros amores y de lo que más disfrutamos en la vida.

Esa etapa me trae tantos recuerdos de charlas interminables caminando a casa luego de una fiesta, o un concierto. O esa vez que no estábamos invitados a la fiesta y que nos autoinvitamos encontrando algún atajo. Nos sentíamos grandes y nos faltaba tanto por experimentar aún. Tal vez sean esos los amigos que nos acompañarán gran parte de nuestras vidas, muchos de ellos representan esa relación perenne, que a pesar de los años o décadas transcurridas y sin vernos mucho, puede darse un reencuentro y sentir lo mismo que hace más de 20 años, estar en confianza y feliz en medio de grandes personas.

Cuando nos referimos a lo que representa la amistad siempre se recuerda esa frase del escritor argentino Jorge Luis Borges, la que menciona que al contrario del amor la amistad no requiere de frecuencia ni confidencias, una magistral manera de describirla, porque podemos vernos con los amigos después de mucho tiempo y hablar tranquilamente de todo como si fuera que tuvimos una charla ayer. Ocurre mucho con los que tuvieron que emigrar por estudios o trabajo. Encontrarnos es simplemente sacar la pausa de lo que quedó esperando.

Pero también están esos amigos incondicionales que estuvieron para dar un abrazo en medio del dolor o de los malos momentos, esos amigos que no hicieron más que escuchar o simplemente “estar ahí”. Imposible no quererlos con el alma.

Los amigos pueden ser de diferentes etapas como del colegio, de la iglesia, la facultad o del trabajo, y seguramente entre ellos están esas personas que siempre honraron esa gran relación. Esperemos que en estos días nos toque valorar ese encuentro en el que cara a cara nos reímos hasta que nos duela y lo disfrutamos.

arturo@abc.com.py

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