De acuerdo a la conveniencia

Las polémicas declaraciones del presidente brasileño Lula Da Silva inundaron los medios, una errada, o sesgada, interpretación sobre las causas de la Guerra de la Triple Alianza en Sudamérica generaron gran indignación en la población paraguaya.

Al leer tantas opiniones al respecto nos preguntamos: ¿Es Brasil consciente de lo que ocasionó su protagonismo y liderazgo en dicha guerra?

Mucho se especuló, ya que también generó suspicacia la reacción tardía del Ejecutivo paraguayo que tras una semana finalmente informó que “envió una carta” al vecino país. Misiva que posiblemente será leída y cada una de las preocupaciones paraguayas serán anotadas en la máquina de escribir imaginaria de Itamarati

Más de 150 años pasaron de la invasión brasileña de Asunción, una invasión con todas las letras que vació la Madre de ciudades y que no dejó siquiera descansar en paz a los muertos, que en su última morada hasta fueron despojados de anillos y dientes de oro.

Hay tantas cosas de las que no querrían que nadie más se entere, y tienen razón, a cualquiera se le caería el rostro de la vergüenza si estos antiguos hechos se ponen nuevamente en boca del mundo y se informa sobre lo que fue un genocidio, crímenes atroces y hechos que en estos tiempos se conocen como “crímenes de guerra”, ni más ni menos.

En las diferentes batallas quedó en poder de las tropas brasileñas el famoso Cañón Cristiano que llevó el nombre debido a que fue hecho con el bronce de las campanas de las iglesias de nuestro país, así como el Cañón Presidente López y gran parte de los documentos históricos del Archivo Nacional. Lo que en principio fueron trofeos de guerra, posteriormente fue nombrado como patrimonio de Brasil, único país que nunca pidió perdón y sigue justificando cada uno de los despojos de una nación.

Por su parte, en 1885, -tan solo a 15 años de culminada la guerra- el gobierno uruguayo del Gral. Máximo Santos devolvió cada uno de los trofeos, condonó las deudas de guerra y pidió perdón en un gesto lleno de dignidad y hermandad. En honor a ellos se nombró un céntrico espacio público como “Plaza Uruguaya”. En 1954, 84 años después de la contienda, el congreso argentino hizo lo propio por medio de una ley y el entonces presidente Juan Domingo Perón devolvió los trofeos de guerra.

Brasil, por su parte, se muestra lejos siquiera de un amague o de una muestra de dignidad con el pueblo al que despojó y lo sigue justificando en diferentes ámbitos. La única vez que Brasil permitió que el Paraguay pueda acceder a una parte del archivo robado fue cuando quiso evitar que Argentina se lleve la región Occidental como parte de los territorios que reclamó tras la Guerra Grande, pero esa es otra traición, y otra historia.

arturo@abc.com.py

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