El senador Gustavo Leite apareció en su flamante podcast como un Chapulín Colorado chipote chillón en mano exigiendo cuentas claras.
Si no hay medicamentos —un aspecto punzante de la salud pública— es porque el dinero para el efecto fue a parar en otro lado. En los perversos recovecos de la corrupción, el clientelismo; en la manutención de parásitos que aseguran los votos en los interminables procesos electorales que vive nuestro país.
Leite, que no hablaría si no tiene la palmadita del Jefe, desafió al ministro de Economía y Finanzas, Óscar Lovera: “salga ante la opinión pública y diga cuánto es la deuda flotante, cómo se incurrió en ella, quiénes son los responsables”. A continuación, sostuvo que “nadie sabe cuánto es la deuda”. Lo dice un senador que maneja información y que tiene un escudo en el Quincho. Se cree que la deuda es 1.270 millones por medicamentos, sin contar IPS, y 150 millones con las empresas vialeras, agregó tonante.
Arremetió encima: “es más fácil pagar la deuda que bicicletearla”. Esto, proviniendo de quien proviene, demuestra la magnitud del drama económico del Paraguay “gigante”. Esa deuda es una de las razones de la falta de medicamentos en los hospitales públicos, expuesta ahora en forma palmaria por familiares de enfermos, víctimas del descalabro del sistema sanitario estatal. Una situación fruto del método colorado que prioriza el reparto de la torta entre los correlí antes que pensar en administrar los bienes de la ciudadanía y distribuirlos ahí donde la naturaleza del Estado manda: salud, educación, seguridad…
El mismísimo Cartes exhortó al presidente Peña, el 17 de junio, a que se otorgue “máxima prioridad al fortalecimiento del sistema nacional de salud”. Ni ahí.
En estos días familiares de enfermos contaban que los médicos adquieren medicamentos mediante vaquitas para mitigar el dolor y la agresividad de afecciones. Esto expone el subdesarrollo patente ante la arrogancia del Ejecutivo sumido en el cholulismo tras las estrellas del rally. Insólito para un jefe de Estado. Un Ejecutivo perdido, que solo responde con altanería, autoelogios y promesas huecas.
Perifoneros oficiales redujeron la movilización a lo economicista. Buscaron desacreditar a los médicos y a la lideresa gremial, en una actitud rayana en el infantilismo. El problema es más profundo. La salud pública está en terapia por no ser prioritaria.
El precio del prebendarismo que mantiene a los colorados en el poder consume gran parte de los ingresos, y es la prioridad.
Leite pide cambiar para que “no nos cambien”. Pero no existe aún alternativa organizada para cambiar al coloradismo depredador.
Y el Paraguay seguirá en la dolorosa realidad de no tener remedio(s).
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