La nueva administración municipal de Encarnación deberá enfrentar su primera gran prueba en un contexto particularmente adverso. El período que debería convertirse en la etapa más próspera del año corre el riesgo de transformarse en una temporada marcada por la incertidumbre, las lluvias persistentes y la posible disminución de la actividad turística. Los pronósticos indican que el fenómeno climático podría alcanzar su mayor intensidad precisamente durante los meses en que la ciudad espera recibir la mayor cantidad de visitantes.
Lo más preocupante es que las perspectivas no hablan de eventos aislados ni de algunos días de inestabilidad. Los modelos meteorológicos advierten que las lluvias y tormentas podrían extenderse durante gran parte del verano e incluso llegar hasta abril del 2027. Esto implica que toda la temporada queda condicionada por un factor capaz de reducir significativamente la presencia de turistas y afectar a cientos de pequeños y medianos emprendedores. Un verano sin sol no solo vacía playas. También vacía hoteles, restaurantes, bares y las zonas comerciales.
La situación se vuelve aún más delicada si se considera que el principal motor económico de Encarnación, el comercio, tampoco atraviesa su mejor momento. La crisis económica argentina continúa golpeando el poder adquisitivo de los turistas de compras. La combinación de menos compradores provenientes del país vecino y una posible caída en el flujo turístico configura un escenario que debería encender todas las alarmas.
Encarnación cuenta con infraestructura, costaneras y espacios públicos, pero ha avanzado mucho menos en la construcción de mecanismos que permitan sostener la actividad económica cuando las condiciones dejan de ser favorables. La industria turística dinamiza el sector gastronómico, hotelero, extrahotelero, de servicios y comercial. Sus efectos positivos alcanzan incluso a otras ciudades del departamento. Sin embargo, ¿qué se ha hecho realmente para proteger un sector que genera tanto movimiento económico?
El problema de fondo es que Itapúa y particularmente Encarnación han construido una parte importante de su dinamismo económico sobre bases vulnerables. La ciudad celebra cada verano exitoso, pero parece ignorar las señales de advertencia que deja cada temporada difícil.
La llegada de El Niño debería ser interpretada como una advertencia y no simplemente como una mala noticia coyuntural. Si una temporada de lluvias es capaz de comprometer una parte sustancial de la economía regional, entonces el verdadero problema no es únicamente el clima, sino la falta de planificación de largo plazo.
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