Crisis de identidad en el Conacyt

El Conacyt es un organismo público privado de promoción de la actividad científica que por su accionar transparente y la creación estelar del Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores Científicos (Pronii) ha ganado la confianza de la población.

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Este programa, sumado a la disponibilidad de más recursos económicos provistos por el Fondo de la Excelencia para la Educación y la Investigación proveniente de Itaipú, ha logrado un aumento significativo del número y calidad de investigadores y de publicaciones en revistas internacionales de moderado a alto impacto.

Si bien hay cuestionamientos al andar excesivamente burocrático para la adjudicación y manejo de los fondos, que exaspera a los científicos, estos, en general están conformes con esta institución, tan importante para el presente y futuro del país. Esta plétora y el nuevo interés en el Paraguay por la investigación, lo que puede se nota por el gran interés de nuevos estudiantes para investigación en el programa BECAL, del cual el Conacyt es parte, es único en la historia del Paraguay.

Es por eso que preocupa la actitud del actual conejo cuando en una reciente reunión extraordinaria, por mayoría no absoluta, la Sociedad Científica del Paraguay no estuvo de acuerdo, haya decidido inmiscuirse inapropiadamente en los mecanismos establecidos de selección de proyectos atribuyéndose funciones que no solamente no les compete, para ello están los reglamentos cuidadosamente elaborados y corregidos durante años, sino para lo cual no están intelectualmente preparados. Y no deberían estarlo dado que la mayoría de los consejeros no son científicos. Con esta actitud están violando los presupuestos más cruciales de la actividad científica, la libertad académica y la evaluación de trabajos por pares científicos.

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La libertad académica es un presupuesto de la investigación científica. En la era de la ciencia pre moderna, hacia los siglos 17 y 18, los científicos investigaban libremente por su cuenta, y sus evaluadores eran aquellos de su especialidad en las sociedades científicas gremiales.

Luego de la revolución universitaria de Humboldt en Berlín, la ciencia se institucionalizo y paso a formar parte del quehacer universitario que pronto logro su autonomía de las autoridades eclesiásticas y civiles enfatizando la libertad académica. Pero ¿qué es la libertad académica? Es la libertad del científico profesor para elegir sus alumnos, libertad para enseñar de acuerdo a su mejor entender, libertad para elegir y despedir sus docentes, libertad para administrar sus bienes y sobre todo libertad para elegir temas de investigación. Este ejercicio ha resultado en innumerables descubrimientos científicos.

Erróneamente, quiero creer que más que mala intención fue por ignorancia, los consejeros del Conacyt han reaccionado inapropiadamente ante la presión de redes sociales o sectores interesados ante temas relacionados con el uso de agroquímicos, temáticas de género y el aborto, cuestionando estas áreas de estudio, a los jurados y a las instituciones donde se realizarían estos estudios. Pero la libertad de investigación no restringe temas de estudio aunque no nos gusten sus temas ni sus resultados.

Otra violación del ethos de la investigación científica se refiere al escepticismo o cuestionamiento del valor de los pares científicos que evalúan los trabajos de investigación. Uno de los pilares de la actividad científica es la evaluación de los trabajos de investigación por pares científicos. Estos defienden la racionalidad del paradigma actual de ese tema cotejándolo con los parámetros o reglas de juego establecidos por la comunidad internacional de científicos como bien lo describiera el filósofo de la ciencia Thomas Kuhn. Esta es una tradición nacida de la complejidad y la alta especialización de la ciencia donde para evitar una Torre de Babel, evalúan los trabajos quienes están trabajando en el mismo típico, manejan los términos o jerga inventados para cada disciplina idealmente o son miembros de la misma especialidad. Por eso es muy difícil conseguir estos evaluadores. No hay posibilidad de que un científico de otra disciplina o una persona no científica pueda evaluar estos trabajos. Sin embargo, el consejo cree que lo puede hacer, revelando de esa manera sus limitaciones.

Otro cuestionamiento proferido en estos días se refiere al origen no institucional no universitario de algunos trabajos de investigación específicamente en las ONGs. Es que en nuestro país de ciencia incipiente, en los últimos años, de acuerdo a indicadores del Conacyt, más trabajos científicos se han producido en estas instituciones que en las universidades, como antes del siglo 18. La razón es la falta de ambientes académicos adecuados que favorezcan a la actividad científica en las universidades paraguayas. Seguimos esperando la mentada reforma universitaria cuyos intentos agradarían a Lampedusa en su Il Gatopardo.

El Conacyt ha cumplido con su misión de incorporar Ciencias y Tecnología a las grandes discusiones en el Paraguay. Ha logrado representación internacional y respetabilidad local y felicitamos a sus fundadores y sucesores, incluyendo a los actuales consejeros. Pero esa etapa está cumplida y se vienen nuevos tiempos, con nuevas ideas, nuevas aperturas, nuevos rigores, nuevas técnicas cuantitativas y cualitativas, con nuevas tolerancias dadas por la civilización. Y es casi natural o predecible que ante tal complejidad, lo demuestra su comportamiento reciente, este consejo sufra de carencias de comprensión devenidas en una profunda crisis de identidad, al dudar de su función, y confundir la razón de ser de su existencia. Por eso, ante estos indicadores preocupantes, antes que sea tarde y se desvirtué aún más el sentido misional institucional, creemos un buen momento para un cambio.

Exhortamos a la presidencia de la Republica, de quien depende la institución, con respeto a la historia del Conacyt, a realizar estos cambios. Sugerimos que manteniendo su estructura administrativa, que es de excelencia, se reestructure el Conacyt reemplazando a los representantes temporales de variadas instituciones públicas o privadas, académicas o no académicas por investigadores que, independientemente del lugar en que trabajan, y de por lo menos 3 generaciones, hayan demostrado su sabiduría mediante contribuciones significativas al mundo global de la ciencia.

*Exconsejero de Conacyt por la Sociedad Científica del Paraguay.

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