Enmarcado entre las avenidas General Santos, República de Siria, Libertad, Brasilia; cruza unas cuadras la avenida Artigas hacia la Costanera Norte, donde linda con el Banco San Miguel el barrio Jara es mayoritariamente residencial, habitado por gente de clase media, aunque tiene una importante zona comercial.
Las calles y viviendas de esta zona de Asunción están vigiladas por agentes de tres comisarías: la 19.ª, ubicada en la esquina de las calles San Martín y Libertad; la 9.ª, instalada en General Santos y Rómulo Ríos, barrio Mariscal López y la 20.ª, ubicada sobre la avenida Artigas casi Candeleria, en el sector de Tablada, que también tiene una parte de su jurisdicción en el barrio Jara.
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Las autoridades policiales consultadas sobre los problemas que azotan esta zona de capital coinciden en que todas ellas son producto del microtráfico de estupefacientes, crack, marihuana y cocaína, esta última en menor cantidad.
La Lengua de Barrio Jara: así se formó
La antigua vía férrea cruza gran parte del barrio, pero cuando los trenes dejaron de recorrerla, poco antes de los años 90, la franja de dominio de unos siete metros a cada lado de las vías comenzó a ser ocupada paulatinamente por gente que llegó desde distintas localidades del interior.
Otro gran número de personas se instaló en estos sectores durante la crecida del río Paraguay, vecinos alcanzados por el agua fueron instalados en estos sectores y partes de las calles que terminan en las vías del tren, como el caso de la calle Doctor Pedro Ciancio. Ahora los policías conocen esta zona del barrio Jara como “La Lengua”.
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Con el correr de los años, aquel sector se llenó de casitas precarias, la mayoría de ellas de madera y algunas de material cocido, todas unidas por angostos callejones actualmente utilizadas como escondites de los microtraficantes.
Refugio de adictos y distribuidores
Estos a su vez atraen a la zona a los adictos, quienes cometen robos, asaltos y despojos en las zonas aledañas para conseguir un poco de dinero para seguir comprando su vicio, lo que disparó el índice de inseguridad en aquel sector del barrio.
Los adictos también promueven la polución sonora durante las noches y madrugadas, principalmente durante los fines de semanas, pese a que la Policía trata de intervenir, los revoltosos en muchos casos terminaron atacando a pedradas las casas de los vecinos que los denunciaron ante las autoridades.
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Pese a todo el esfuerzo de agentes de la comisaría jurisdiccional, efectivos del departamento Antinarcóticos de la Policía y los agentes especiales de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), cada día aparecen más puntos de ventas.
El microtráfico se “reinventa” en el barrio Jara
“La cosa es fácil de explicar: cuando ubicamos e intervenimos un punto de ventas en la zona detenemos al o a los responsables, se los envía a la cárcel; pero no tarda mucho tiempo para que otro vecino tome la posta y comience a vender las drogas porque el mercado continúa, los adictos quedaron en el lugar”, señaló un oficial de la comisaría 19ª.
“Con el tiempo se interviene este segundo punto de ventas. Los responsables son detenidos también y semanas después otros vecinos toman el lugar; cuando este último vendedor es capturado, los dos primeros que fueron detenidos ya están nuevamente libres y operando bajo el amparo de medidas alternativas a la prisión”, indicó.
El oficial relató que cuando el tercer detenido y procesado recupera su libertad ya tienen tres puntos o focos de ventas de drogas en la misma cuadra.
Esta situación, que es recurrente en todos los barrios periféricos de la capital genera un terrible problema para la seguridad de los vecinos y una amenaza constante para los chicos, quienes son los principales objetivos de los traficantes, explicaron los uniformados.