La ansiedad no surge únicamente del hecho de no tener pareja, sino del contraste permanente. Los “momentos destacados” ajenos operan como recordatorio de lo que falta y, a la vez, como presión para demostrar que se está bien.
En psicología se habla de comparación social: una herramienta humana para ubicarse en el grupo, que en plataformas se vuelve intensiva, continua y poco realista.
El resultado puede ser irritabilidad, tristeza, FOMO (miedo a perderse algo) o una necesidad compulsiva de revisar el teléfono.
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Además, el propio diseño de las aplicaciones empuja a la exposición: recomendaciones basadas en lo que detiene el pulgar, notificaciones, recuerdos y filtros temáticos. El algoritmo no “sabe” de vulnerabilidades; optimiza por atención.
En fechas como San Valentín, esa optimización suele traducirse en una narrativa dominante que no incluye todos los tipos de vida afectiva.
¿Qué hacer sin desconectarse del mundo?
Especialistas en bienestar digital recomiendan intervenciones pequeñas pero deliberadas.
Una es convertir el consumo pasivo en consumo curado: silenciar temporalmente cuentas que disparan malestar, limitar hashtags y ajustar preferencias para reducir contenido repetitivo.
Otra es poner límites de tiempo antes de abrir la app —por ejemplo, decidir “cinco minutos y cierro”— porque la ansiedad suele aumentar cuando se pierde la noción de cuánto se lleva scrolleando.
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También ayuda cambiar el foco: en vez de buscar validación, usar el teléfono como herramienta. Escribirle a un amigo, proponer un plan, agendar una actividad placentera o simplemente salir a caminar sin pantalla puede cortar el circuito de comparación.
En términos clínicos, se trata de recuperar agencia: elegir una acción concreta frente a un estímulo que parecía inevitable.
Si el malestar es intenso, conviene observar señales de alerta: aislamiento, insomnio, rumiación (“no valgo”, “nadie me elige”) o necesidad de revisar redes para calmarse. En esos casos, buscar apoyo profesional puede ser más eficaz que cualquier “tip” de productividad emocional.
La soltería, por sí misma, no es un problema a resolver. El desafío, este 14 de febrero, es otro: recordar que el feed no es un censo de la felicidad y que el algoritmo no mide el valor personal.
Sobrevivir a la fecha “del amor” puede ser, simplemente, recuperar el control de la mirada.