10 de marzo de 1876: la primera llamada telefónica y el software que hoy la reemplaza

Menos de diez años después de la demostración del teléfono por parte de Bell en 1876, este hombre trabajó como operador de larga distancia para la American Telephone and Telegraph Company en Marietta, Georgia. 1885.Shutterstock

El 10 de marzo de 1876, Alexander Graham Bell dijo “Sr. Watson, venga aquí” y probó que la voz podía viajar por un cable. Hoy, muchas “llamadas” ya no son telefonía: son software, datos e Inteligencia Artificial (IA). ¿Qué ganamos y qué cedimos?

El fraseo se volvió símbolo porque condensó un cambio tecnológico y cultural: pasar de la presencia física a la coordinación a distancia. En un laboratorio de Boston, Alexander Graham Bell logró transmitir voz inteligible a su asistente, Thomas Watson, pocos días después de haber patentado su “telégrafo parlante”.

Alexander Graham Bell.

No fue solo un logro de ingeniería; fue el inicio de una infraestructura global que reorganizó negocios, emergencias, intimidad y política.

De la telefonía como red al teléfono como costumbre

Durante décadas, la llamada telefónica significó una cosa bastante precisa: una conexión punto a punto dentro de una red administrada por operadores, con estándares, centrales y numeración.

La promesa era clara —y, en general, cumplida—: disponibilidad, estabilidad y una calidad suficiente para que la palabra mandara.

El teléfono se volvió institución antes que “dispositivo”. Importaba menos el aparato que la red: el sistema público conmutado (PSTN), diseñado para funcionar incluso cuando otras tecnologías fallaban.

Esa idea —la comunicación como servicio esencial— marcó el siglo XX.

La llamada se convirtió en “sesión”: cuando hablar es mover paquetes

En el siglo XXI, la voz migró al mismo territorio que el correo o el video: Internet.

En la práctica, muchas conversaciones ya no pasan por la telefonía tradicional sino por VoIP (voz sobre IP), SIP, WebRTC y aplicaciones que encapsulan audio en datos.

La “llamada” se volvió una función dentro de plataformas: WhatsApp, FaceTime, Zoom, Teams, Meet, Discord.

La diferencia no es cosmética. En una llamada por software, la voz puede enrutarse por centros de datos, mezclarse con video, grabar y transcribir en tiempo real, mejorarse con cancelación de ruido y traducirse automáticamente.

La conversación deja de ser un evento efímero: se vuelve un objeto computable.

La voz que atiende: el reemplazo más silencioso es la IA

El siguiente salto ya no es de red, sino de interlocutor. En bancos, aerolíneas, comercio electrónico o salud, una parte creciente de las llamadas es atendida por agentes conversacionales capaces de reconocer intención, verificar identidad, consultar sistemas y escalar a un humano.

En paralelo, herramientas de productividad convierten reuniones en resúmenes, tareas y decisiones rastreables.

Esta “telefonía definida por software” reconfigura costos y accesibilidad —por ejemplo, subtítulos para hipoacusia o traducción para migrantes—, pero también abre dilemas nuevos: suplantación de voz (deepfakes), almacenamiento de conversaciones, metadatos sensibles y dependencia de nubes privadas que pueden caer por fallas técnicas o conflictos regulatorios.

Qué queda de aquella primera frase

“Sr. Watson, venga aquí” fue una instrucción simple: acercarse. Paradójicamente, el software de voz de hoy hace lo contrario: permite estar lejos, pero también desmaterializa la conversación y la integra a sistemas que la miden, la archivan y, a veces, la automatizan.

La historia de la primera llamada telefónica no termina en el teléfono: continúa en la pregunta que define nuestra era comunicacional. Cuando hablar se vuelve dato —y el dato, negocio y gobierno—, ¿quién controla la conversación?

Lo
más leído
del día