Día Nacional del Árbol: la importancia de cuidar nuestros gigantes verdes

Samu'u de Benoit Ladreit de Benjamín Aceval, Presidente Hayes.

Cada 19 de junio, el Día Nacional del Árbol en Paraguay pone en primer plano una pregunta urgente: qué se pierde cuando cae un árbol nativo. Entre lapachos, timbós, el emblemático samu’u y otros, la ciencia ayuda a medir valor ecológico, no solo belleza.

Cuándo es y por qué se celebra el Día Nacional del Árbol en Paraguay

El Día Nacional del Árbol en Paraguay se conmemora el 19 de junio. La fecha, instaurada para fomentar la educación ambiental, la forestación con especies nativas y el cuidado del arbolado urbano, funciona hoy como termómetro cultural: recuerda que el país está atravesado por una tensión permanente entre producción, incendios, sequías y conservación.

En términos científicos, celebrar un “día del árbol” es reconocer servicios ecosistémicos medibles. Un árbol adulto regula temperatura, captura carbono, infiltra agua, estabiliza suelos, ofrece alimento y refugio a aves, insectos y mamíferos.

Samu’u en Teniente Irala Fernández.

En Paraguay, donde la deforestación y la fragmentación han transformado paisajes enteros (en especial en el Gran Chaco y en remanentes del Bosque Atlántico del Alto Paraná), la pregunta deja de ser cuánto plantar y pasa a ser “cuántos bosques maduros conservamos”.

Los gigantes verdes: altura, edad y emblemas vivos

Hablar de “los más altos” o “los más antiguos” en Paraguay exige precisión: no existe un único ranking definitivo para todo el territorio, pero sí gigantes recurrentes en registros técnicos, inventarios forestales y observaciones de campo.

En los relictos mejor conservados del Alto Paraná y zonas de transición, algunas especies nativas alcanzan alturas notables.

El peterevy (Cordia trichotoma), por ejemplo, puede superar los 25–30 metros en condiciones favorables.

El imponente Timbó de la familia Ceuppens en San Bernardino.

Entre los grandes de ribera, el timbó (Enterolobium contortisiliquum), con copa descomunal y troncos de gran diámetro, suele dominar el perfil del bosque más por su arquitectura que por su verticalidad: es un “gigante horizontal”, clave para sombra, microclima y fauna.

La antigüedad se expresa más en diámetro, cavidades y estructura que en metros.

Palo borracho, samu’u (Ceiba speciosa).

Algunos samu’u (Ceiba speciosa) —especialmente en el Chaco y también en plazas y caminos de la Región Oriental— pueden vivir muchas décadas y, en escenarios estables, superar el siglo. Su tronco ensanchado es una adaptación para almacenar agua y resistir estrés hídrico. Los ejemplares viejos suelen convertirse en “edificios ecológicos”, con nidos, hongos, insectos y epífitas asociadas.

Lapacho, timbó y samu’u: tres nativos, tres funciones ecológicas

El lapacho (tajy; Handroanthus spp.) es quizá el árbol más reconocible del país por su floración. Pero su importancia va más allá de lo ornamental: su madera densa refleja estrategias de crecimiento lento y resistencia, y sus flores son un pulso estacional para polinizadores.

Lapachos en Nueva Italia.

El timbó, leguminosa de la familia Fabaceae, participa en ciclos de nutrientes y estructura bosques de galería; protege márgenes del Paraguay y del Paraná y amortigua extremos térmicos.

El samu’u, en cambio, encarna la biología de la sequía: su fisiología y su tronco “botella” cuentan una historia chaqueña de adaptación.

En el Día Nacional del Árbol, la invitación más concreta es simple y exigente: priorizar especies nativas, conservar árboles maduros y planificar ciudades y campos como ecosistemas, no como decorado.

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