Caja Fiscal: Benigno López habla de “ficción del derecho adquirido” y riesgo de implosión del sistema

El exministro de Hacienda Benigno M. López.Gustavo Machado, ABC Color

El exministro de Hacienda Benigno M. López elaboró un análisis profundo sobre la necesidad de reformar la Caja Fiscal. Habló sobre la “ficción del derecho adquirido”, que es reiteradamente mencionado por sectores deficitarios del sistema y del “riesgo de implosión” de la Caja.

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El exministro de Hacienda Benigno M. López elaboró un análisis profundo sobre la necesidad de reformar la Caja Fiscal, poniendo el foco en que es hora de elegir entre una reforma ordenada que empieza hoy o un caos inevitable mañana.

A través de un escrito enviado a ABC Color, planteó que es una oportunidad para discutir qué modelo de seguridad social queremos, cuánto cuesta y cómo lo conseguimos. Sostuvo que es hora de eliminar todas las inequidades ante el riesgo de implosión de la Caja.

A continuación, compartimos íntegramente su análisis.

Los “derechos adquiridos” reiteradamente argüidos

En el debate público paraguayo se ha instalado la idea de que los beneficios de la Caja Fiscal son “derechos adquiridos” intocables.

Sin embargo, la aritmética es una ciencia terca que no entiende de retórica: un derecho previsional solo existe plenamente cuando está respaldado por financiamiento. Cuando no hay fondo, no hay reservas y los aportes se agotan en menos de cinco años de jubilación, lo que existe no es un derecho; es una obligación fiscal que recae sobre terceros. Un derecho sin respaldo financiero es cualquier cosa menos un derecho.

La realidad es cruda. Un funcionario que aporta durante 30 años sobre un salario de G. 5 millones entrega en total unos G. 288 millones. Al jubilarse, si cobra el 100% de su salario, en menos de 60 meses ya consumió todo lo que ahorró en tres décadas. Desde ese momento –y por los siguientes 15 o 20 años– su jubilación es financiada íntegramente por el Tesoro Nacional. Es decir, por el IVA que paga el ciudadano en el supermercado y por los recursos que deberían ir a escuelas y hospitales.

Esta confusión entre una “promesa legal” y una “realidad financiera” es la que hoy nos tiene al borde del abismo. La lucha por defender un sistema quebrado no protege a los jubilados: los expone.

“El colapso es abrupto, duro y sin piedad”

La historia previsional de la región es clara: los sistemas que se niegan a corregirse a tiempo no se reforman, colapsan. Y cuando el colapso llega, el ajuste no es gradual ni conversado; es abrupto, duro y sin piedad.

En este contexto, los ajustes que impulsa el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) van en la dirección correcta. Son medidas mínimas, quizás tardías, pero constituyen un paso indispensable para evitar un desenlace mucho peor.

Ajustar edades, tasas de sustitución y ventanas de cálculo no es un “ataque” al trabajador; es un intento de salvar al sistema de su propia implosión. Oponerse incluso a estos cambios modestos no preserva derechos: acelera el día en que la Caja simplemente no tendrá con qué pagar.

Debemos dejar de ver la sostenibilidad como una amenaza. La sostenibilidad es la única garantía de que el jubilado de hoy y el trabajador de mañana sigan cobrando. La verdadera defensa de los derechos previsionales no consiste en sostener ficciones, sino en construir un sistema que pueda cumplir lo que promete.

El camino de ajustes que inicia el MEF es apenas el comienzo de una cirugía mayor necesaria. Negarse a ver esta realidad no detiene el ajuste: solo asegura que, cuando el mercado o la caja vacía lo impongan, el dolor será mucho mayor para todos.

Es hora de elegir entre una reforma ordenada que empieza hoy o un caos inevitable mañana. Es una oportunidad para discutir qué modelo de seguridad social queremos, cuánto cuesta y cómo lo conseguimos. Es hora también de eliminar todas las inequidades.

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