“Tenemos miedo”. Esa es la frase que, bajo estricto anonimato, se repite en estas últimas semanas como un susurro en los pasillos de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY). El temor es a las represalias de una cúpula administrativa que decidió oficializar la persecución a la libertad de expresión a través de la Circular SGP N.º 03/2026.
La medida, calificada por algunos como “negligencia infantil”, deja por escrito la política de censura de una entidad que se resiste a la transparencia.
Tras la publicación de esta “ley del silencio”, el clima dentro de la institución se ha vuelto asfixiante. Funcionarios y técnicos de carrera -incluso jubilados - que años atrás compartían datos sobre la generación de energía con naturalidad, hoy se ocultan de la prensa.
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La orden firmada por el secretario general, el exdiputado colorado Mario Cáceres —quien percibe más de G. 71 millones mensuales—, ha convertido cualquier contacto con un periodista en una causal de sumario y posible despido.
Negligencia infantil
Puertas adentro, la indignación crece. Fuentes internas señalan que la redacción de la polémica circular se trata de una “negligencia infantil” que, irónicamente, beneficia a la cúpula de prensa de la entidad.
Según los datos que corren en la EBY, Mario Cáceres habría firmado el documento en absoluta sintonía con la jefa de Prensa Nancy Espínola, quien ingresó en 2018 y hoy tiene ingresos por G. 37 millones.
La jefa de prensa es señalada, junto a Eduardo Bado (director de Comunicación, con G. 37.199.826 de salario y ahijado político del vicepresidente Pedro Alliana) como los ideólogos de este cerco. Lo que estos altos funcionarios parece que no calcularon es que, al dejar las amenazas por escrito, han documentado una práctica autoritaria que contradice los principios básicos de transparencia que este gobierno dice defender.
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“Es una torpeza que expone lo peor del sistema: dejaron la prueba del bozal firmada y sellada”, comentan trabajadores.
Esta política informativa choca de frente con el relato internacional del presidente Santiago Peña. Mientras el mandatario se esfuerza en foros internacionales por posicionar al Paraguay como un centro de atracción para inversiones, destacando la industria energética como el principal motor de desarrollo, su administración en la EBY hace todo lo contrario.
El primer mandatario Santiago Peña habla de expansión y modernidad, la EBY de Mario Cáceres se encierra en un búnker de oscurantismo, donde la orden es el silencio absoluto, se quejan.