A escala mundial, estos factores explican una carga significativa. La estimación alcanza 840.088 muertes anuales, de las cuales 783.694 son por enfermedades cardiovasculares, principalmente, cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares, mientras que 56.394 se vinculan a trastornos mentales.
La distribución evidencia que el mayor número de fallecimientos se concentra en afecciones cardiovasculares. Sin embargo, la pérdida de años de vida saludable presenta una dinámica distinta, ya que los trastornos mentales, con su carácter prolongado e incapacitante, generan un impacto acumulado más elevado en términos de calidad de vida.
En términos de AVAD, la carga global asciende a 44.912.621 años perdidos cada año. De este total, 20.370.571 se atribuyen a enfermedades cardiovasculares y 24.542.050 a trastornos mentales.
Esta diferencia refleja que, aunque las enfermedades cardiovasculares concentran más muertes, los trastornos mentales generan una mayor pérdida de bienestar a lo largo del tiempo. La evidencia permite observar que los efectos de los riesgos psicosociales no se limitan a eventos puntuales, sino que afectan de forma sostenida la productividad y la participación laboral.
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El impacto también se traduce en términos macroeconómicos. A nivel global, la carga combinada equivale a una pérdida de 1,37% del Producto Interno Bruto (PIB). Dentro de este total, 0,62% corresponde a enfermedades cardiovasculares y 0,75% a trastornos mentales. Esta estimación muestra que los factores psicosociales en el trabajo no solo afectan la salud individual, sino que inciden de manera directa sobre el crecimiento económico y la generación de ingresos.
La reducción de la productividad, el aumento del ausentismo y los costos asociados a la atención sanitaria forman parte de los mecanismos que explican este resultado.
En el caso de las Américas, las cifras mantienen la misma tendencia, aunque con una magnitud relativa menor. La región registra 79.134 muertes anuales atribuibles a estos factores, de las cuales 73.871 corresponden a enfermedades cardiovasculares y 5.263 a trastornos mentales.
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En términos de AVAD, la pérdida alcanza 5.135.499 años, con 2.807.244 asociados a enfermedades cardiovasculares y 2.328.255 a trastornos mentales. La distribución confirma nuevamente el mayor peso de las afecciones cardiovasculares en mortalidad y el rol relevante de los trastornos mentales en la pérdida de años de vida saludable.
Desde la perspectiva económica y conforme con los datos de la OIT, la región presenta una pérdida estimada de 1,12% del PIB, con 0,61% vinculado a enfermedades cardiovasculares y 0,51% a trastornos mentales, resultado que se ubica por debajo del promedio global, aunque mantiene una incidencia significativa en la actividad económica. La diferencia regional responde a múltiples factores, entre ellos la estructura del mercado laboral, el grado de formalidad y las condiciones de acceso a servicios de salud.
Las relaciones causales entre los factores psicosociales y los resultados en salud muestran una base empírica consistente. Diversos estudios longitudinales y revisiones sistemáticas confirman la asociación entre condiciones laborales adversas y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales. La evidencia resulta sólida en economías avanzadas, mientras que en países de ingreso bajo y medio persisten limitaciones en la disponibilidad de datos, lo que dificulta una medición más precisa.
La información disponible de la OIT refuerza la necesidad de incorporar la dimensión psicosocial dentro del análisis económico del mercado laboral. La magnitud de las pérdidas, tanto en vidas humanas como en producción, posiciona a estos factores como un elemento central en la agenda de políticas laborales y de salud.
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La mejora en las condiciones de trabajo no solo impacta en el bienestar de la población, sino que también constituye un componente relevante para sostener el crecimiento económico.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.