Muchas actividades, muchas recaudaciones, pero las mismas precariedades en San Ber

San Bernardino tiene un desarrollo inmobiliario sin precedentes y sin comparación con cualquier otra ciudad de nuestro país; se están vendiendo propiedades, se están construyendo viviendas, hoteles, posadas, restaurantes, se están alquilando espacios a precios que indican una fortísima demanda. Se observan también supermercados, tiendas de conveniencia y negocios de abastecimiento que se asientan allí con máximo despliegue. Así, se puede razonablemente suponer que ese municipio está facturando de manera acorde y que tiene más recursos a disposición que en todo su pasado. Pese a todo, las prestaciones que provee a toda esa gente que apuesta por la ciudad no han mejorado proporcionalmente. Todo lo contrario.

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Hay un hecho, evidente por sí mismo, que puede notar cualquier persona que vaya a San Bernardino: la ciudad tiene un desarrollo inmobiliario sin precedentes y sin comparación con cualquier otra de nuestro país; se están vendiendo propiedades, se están construyendo viviendas, hoteles, posadas, restaurantes, se están alquilando espacios a precios que indican una fortísima demanda.

El movimiento ascendente se observa también en la cantidad de supermercados, tiendas de conveniencia y negocios de abastecimiento que se asientan en San Bernardino con máximo despliegue, lo que confirma que los proveedores estiman que la demanda es robusta, saludable y de largo plazo.

En consecuencia, se puede razonablemente suponer que el municipio de esta ciudad veraniega, cuyo intendente es Emigdio Ruiz Díaz (ANR, cartista), está facturando de manera acorde y que tiene más recursos a disposición que en todo su pasado: es un municipio rico, potente, pujante.

Sin embargo, a pesar de todo lo señalado, que vale reiterar que es evidente por sí mismo, las prestaciones que el municipio provee a toda esa gente que apuesta por la ciudad no han mejorado proporcionalmente. Todo lo contrario.

El municipio de San Bernardino no ha logrado, a pesar de su fuerza y su riqueza, conseguir que ANDE provea la energía a sus habitantes con un flujo estable e ininterrumpido. Parece que no hace las gestiones necesarias para que el monopolio de electricidad satisfaga la demanda. Tampoco ha logrado que la estatal de agua haga lo propio en su rubro. Los habitantes de la ciudad deben enfrentarse a falta de presión, a cortes o, peor, a aguas sucias circulando por la red de cañerías que llegan a los hogares.

Lo anterior no se trata de sacar responsabilidad a las ineficientes empresas del Estado, sino de hacer ver la del municipio en no gestionar la provisión de servicios que son indispensables. Pero las autoridades municipales de la ciudad no gestionan adecuadamente siquiera las responsabilidades exclusivas que tiene: la recolección de basura deja muchísimo que desear. Las playas se encuentran en estado de abandono en plena temporada estival. No hay un servicio de información de actualización automática a bañistas sobre la calidad del agua del lago en su jurisdicción. Los empedrados en el mismo centro de la ciudad son de calidad lamentable. No se ofrecen alternativas para descongestionar las avenidas de entrada y salida y el consabido largo etcétera que confirma que la Municipalidad se dedica a cualquier cosa menos a servir a la gente a la que le cobra impuestos y tasas.

Accesos a concurridos locales ni siquiera son de estos malos empedrados. Son picadas de tierra sin nivelación. Pintan de cuerpo entero a una Municipalidad completamente empantanada en el nivel mental de sus operadores.

Lo peor del caso es que ni siquiera parecen darse cuenta. Algunos de ellos, cercanos al actual intendente, hasta están comprometidos en fomentar invasiones de propiedades para consolidar clientelas prebendarias. Son los que lastran a San Bernardino y, encima, cobran dinero del pueblo sambernardinense para hacerlo.

Esta ciudad puede compararse, en paisajes, en inversión inmobiliaria, en concurrencia, en servicios privados, en actividades, a los balnearios más renombrados del continente. Pero su municipio se esfuerza por permanecer en el subdesarrollo más abyecto, sin perspectiva alguna que le permita a la gente que elige ese tradicional sitio albergar alguna esperanza de que la cosa mejore. Así es que terminó otra temporada veraniega, pero los inconvenientes de siempre quedan, para ser sufridos en la siguiente. Si el intendente y las demás autoridades quieren mejorar las cosas tienen que comenzar a trabajar ahora, invirtiendo en beneficio de la ciudad la cuantiosa recaudación que, como todos los años, habrá dejado la temporada, y no esperar que en el próximo verano llegue la gente y se encuentre con las mismas precariedades de siempre.

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