El Peña que es ahora

La gestión y la conducta soberbia y autoritaria de Santiago Peña al frente de la Presidencial de la República no debería sorprender.

Hay que remitirse a aquella máxima atribuida a Abraham Lincoln de que, si quieres conocer a alguien, dale poder. Decía el estadista norteamericano que el poder actúa como un revelador de carácter ya que, al eliminar la presión de tener que rendir cuentas, caen las máscaras y sale a relucir la verdadera esencia, los valores y la ética de una persona.

Santiago Peña, allá por octubre de 2017, en un programa de TV, dijo “no tener un peso”

Ahora que es presidente, y según revela su declaración jurada de bienes, pasó a ser millonario. Sería ingenuo creer que esto es casualidad.

Tampoco es una cuestión de azar que la mayor parte del dinero público, como el del Instituto de Previsión Social, que cada mes recibe el dinero de trabajadores y empresarios, se transfiera con preferencia a un banco de un grupo económico que está vinculado a Peña desde antes que fuera presidente.

Posiblemente, Peña no cambió repentinamente cuando llegó a la presidencia. Más bien, su transformación habrá sido fruto de un proceso y –como le sucede a cualquiera en su vida– la persona que es ahora es fruto de decisiones que fue tomando.

Los individuos, a lo largo del tiempo, pueden cambiar de ideas y principios. Horacio Cartes, por ejemplo, cuando llegó a la presidencia, en 2013, parece haber tenido intenciones de hacer cambios profundos. Llegó a nombrar a varios no colorados al frente de ministerios y otras instituciones, considerando que eran los más aptos. Uno de ellos fue Santiago Peña, que era liberal. Después, cuando Cartes quiso permanecer en el poder, cambió su visión. Ya no era prioritario poner a los mejores en los cargos sino que, si o si, debían ser colorados. Por eso, por ejemplo, obligó a Peña a hacerse colorado, para que sea su candidato a presidente, dado que él no podía ser reelecto.

Peña, como un buen lacayo, adoptó sin discusión la premisa de su jefe y durante la última campaña electoral dijo que a los cargos públicos no se llega por tener formación y títulos universitarios, sino sencillamente por ser afilado al partido Colorado.

Si cuando inició su carrera en la función pública Santiago Peña tenía algunos escrúpulos y principios, los ha dejado muy atrás. Y ahora se muestra tal cual: soberbio, altanero, intolerante. Repetidamente, le falta el respeto a su investidura y a la ciudadanía, que son a quienes realmente se debe antes que a su patrón.

mcaceres@abc.com.py

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