Las precariedades del IPS de esta ciudad obligan a los asegurados a pasar una verdadera odisea para recibir atención médica. En la mayoría de los casos deben formar fila desde un día antes para conseguir turno de consulta, mientras que los estudios se agendan para varias semanas después, y si el caso es grave, deben recurrir a servicios privados pese a aportar por años para tener acceso a la atención.
Esta mañana, varias personas que formaban fila desde ayer explicaron que no consiguieron turno o, en otros casos, no hay especialistas, y tuvieron que volver a sus casas con las manos vacías. En el sector de farmacia también hay quejas por medicamentos, especialmente para cardíacos e hipertensos, que desde hace varios meses no reciben.
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Jorge Cardozo Acuña, uno de los asegurados, dijo que el 12 de enero le pidieron varios estudios por su padecimiento cardíaco, pero hasta ahora no pudo acceder a ellos. “Es muy difícil conseguir algunos estudios como electrocardiogramas, que solo dan tres a cinco números. Muchas veces formamos fila desde las 9 o 10 de la noche para el día siguiente y no conseguimos número”, lamentó.
Igualmente, dijo que no hay reactivos para algunos análisis en los laboratorios, por lo que les hacen esperar varias semanas y muchas veces un paciente no puede esperar tanto.
Por su parte, Graciela Franco, una jubilada, relató que tiene 40 años de aporte y muchas veces vienen al pedo. Resaltó que principalmente se necesitan más médicos. “Pésima es la atención, tengo 45 años de aporte y no me sirve para nada”.
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En tanto, Karina Estigarribia relató que los medicamentos para pacientes empadronados casi siempre están en falta. Mientras que para conseguir turno en especialidades como cardiología forma fila desde la 1 de la tarde para acceder a los turnos.
“Debemos turnarnos entre dos para estar en la fila desde la 1 de la tarde para acceder al turno del día siguiente. Te descuentan mucho pero no tenemos respuestas”, dijo.
Para los pacientes que requieren cirugías e internaciones también la situación es crítica. Alodia Brizuela relató que su esposo tuvo una apendicitis y que no pudo ser intervenido quirúrgicamente porque no había anestesista.
“Nosotros tuvimos que ir a Hernandarias porque acá había médico, pero no había anestesista, y para cuando llegamos a Hernandarias ya había explotado su apéndice. Además, tuvimos que comprar todos los medicamentos”, detalló.