Un calambre es una contracción involuntaria, intensa y dolorosa de un músculo. Puede durar segundos o varios minutos y suele dejar molestias posteriores. Los más frecuentes aparecen en piernas y pies, especialmente en las pantorrillas.
El dolor no proviene solo de la contracción, sino también de la tensión que se genera en las fibras musculares y los tendones, que quedan trabajando de forma descoordinada.
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El mito del potasio y los músculos
Aunque el potasio es importante para el funcionamiento muscular y nervioso, los especialistas advierten que la mayoría de los calambres no se explican únicamente por una carencia de este mineral.
En muchos casos intervienen varios factores al mismo tiempo: fatiga muscular, deshidratación, pérdida de sales minerales, posturas prolongadas o alteraciones del sistema nervioso.
Fatiga muscular: una de las causas más comunes
En personas que hacen ejercicio, los calambres suelen aparecer cuando el músculo está agotado. Esto puede ocurrir después de entrenamientos más largos, intensos o diferentes a los habituales.
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La fatiga altera el control neuromuscular y hace que el músculo se contraiga de forma desordenada. Por eso es frecuente que los calambres aparezcan al final de una carrera, después de una rutina intensa o incluso horas más tarde.
Deshidratación y pérdida de sales
La deshidratación puede facilitar la aparición de calambres, especialmente en ambientes calurosos o durante actividades prolongadas.
Además del agua, el cuerpo pierde electrolitos como sodio, calcio y magnesio, fundamentales para la transmisión nerviosa y la contracción muscular. En deportistas o personas que sudan mucho, la pérdida de sodio suele ser uno de los factores más importantes.
Los calambres nocturnos
Muchas personas sufren calambres mientras duermen o al despertarse. Permanecer demasiado tiempo sentado, dormir con los pies en punta o usar calzado que modifica la mecánica corporal puede favorecer estos episodios.
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El embarazo también aumenta la frecuencia de calambres, sobre todo en el segundo y tercer trimestre.
Cuando el problema puede estar en los nervios
No todos los calambres se originan en el músculo. Algunas compresiones nerviosas, problemas lumbares o neuropatías pueden provocar espasmos acompañados de hormigueo, entumecimiento o debilidad.
Ciertos medicamentos —como algunos diuréticos, broncodilatadores y estatinas— también pueden aumentar el riesgo.
Qué hacer cuando aparece un calambre
Cuando el músculo ya está contraído, lo más efectivo suele ser estirarlo suavemente y sostener la posición sin rebotes.
También puede ayudar:
- Masajear la zona afectada.
- Caminar unos pasos.
- Aplicar calor si el músculo quedó tenso.
- Usar frío si persiste dolor después del esfuerzo.
Cómo prevenir los calambres
Los especialistas recomiendan aumentar la intensidad del ejercicio de manera gradual, fortalecer los músculos más propensos a acalambrarse y mantener una hidratación adecuada.
En personas con calambres nocturnos frecuentes, los estiramientos suaves antes de dormir y evitar largas horas sentado pueden reducir los episodios.