La hepatitis canina infecciosa es una enfermedad causada por el adenovirus canino tipo 1 (CAV-1). Afecta sobre todo al hígado y los vasos sanguíneos, puede evolucionar con rapidez y requiere atención veterinaria urgente. La vacuna habitual protege eficazmente: por eso hoy es mucho menos común donde los planes sanitarios se cumplen.
No debe confundirse con “hepatitis” como término general. Un perro puede tener inflamación hepática por toxinas, ciertos medicamentos, leptospirosis, alteraciones inmunitarias o enfermedades crónicas. La hepatitis infecciosa canina, en cambio, tiene un virus específico y es contagiosa entre perros.
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¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis canina?
Los signos iniciales pueden parecer una gastroenteritis: fiebre, apatía, pérdida de apetito, vómitos, diarrea y dolor abdominal. Pero el virus no solo invade células del hígado; también lesiona el endotelio, el tejido que recubre los vasos sanguíneos. Por eso, en cuadros graves, pueden aparecer hemorragias, encías muy pálidas, moretones o alteraciones de la coagulación.
La ictericia —mucosas, piel u ojos amarillentos— puede indicar compromiso hepático, aunque no aparece en todos los casos.
Otro signo llamativo es el llamado “ojo azul”: una opacidad azulada de la córnea provocada por inflamación y edema. Puede surgir durante la recuperación y no implica necesariamente ceguera permanente, pero exige control veterinario.
En cachorros sin vacunar, la enfermedad puede ser fulminante. Un animal que decae de forma repentina, rechaza el agua, sangra o tiene el abdomen doloroso no debe esperar a “ver si mejora” al día siguiente.
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¿Cómo se contagia entre perros?
El CAV-1 se transmite por contacto con saliva, materia fecal, orina o secreciones de un perro infectado. También puede llegar de forma indirecta a través de bebederos, manos, calzado u objetos contaminados. Los perros que superan la infección pueden eliminar virus por la orina durante meses, una razón importante para respetar el aislamiento indicado por el veterinario.
No es una enfermedad transmisible a las personas. Tampoco suele afectar a gatos, pero sí puede infectar a otros cánidos.
La vacuna que previene no suele llamarse CAV-1
Un dato que suele generar dudas es que muchas vacunas combinadas protegen contra la hepatitis canina mediante el adenovirus canino tipo 2 (CAV-2). Este virus genera inmunidad cruzada frente al CAV-1 y se utiliza porque ofrece protección sin asociarse al “ojo azul” que podía observarse con vacunas antiguas elaboradas con CAV-1.
La pauta exacta depende de la edad, antecedentes y riesgo epidemiológico del perro. Los cachorros necesitan varias dosis porque los anticuerpos maternos pueden interferir con la primera vacunación; los refuerzos posteriores sostienen la protección.
¿Cómo se diagnostica y se trata?
El diagnóstico combina examen clínico, análisis de sangre para valorar hígado y coagulación, y pruebas específicas como PCR o detección de anticuerpos, según el momento de la enfermedad.
No hay un antiviral de uso rutinario que elimine el CAV-1: el tratamiento es de sostén e incluye fluidoterapia, control de vómitos, analgesia y manejo de las complicaciones hepáticas o hemorrágicas.
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Ante un perro con fiebre, vómitos y decaimiento —especialmente si es cachorro o no tiene vacunas al día— conviene evitar parques, guarderías y contacto con otros animales hasta recibir una evaluación veterinaria.