Los propios trabajadores del nuevo Puente de la Bioceánica, que conecta a Paraguay con Brasil, decidieron celebrar este logro con un profundo y emotivo homenaje a un miembro muy particular de su equipo: “Rubio”, un perro que los acompañó de forma incondicional durante todo el proceso.
A través de la cuenta de Instagram “Obras Paraguayas”, se difundió un video que rápidamente conmovió a los usuarios de las redes sociales. En las imágenes se observa al animal a bordo de un bote cruzando tranquilamente el río Paraguay al costado de la imponente puente. Se ve al perro contemplando el atardecer tras concluir su jornada de “trabajo”.
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“Rubio” no tiene un dueño conocido y vive en la comunidad de Carmelo Peralta, pero adoptó a los obreros del Corredor Bioceánico como su verdadera familia. El animal estuvo presente tanto en las jornadas de intenso frío y lluvia como en los momentos más duros y buenos de la megaobra.
“Lealtad que no se pide, amor que no se acaba: así es Rubio, nuestro mejor amigo y compañero. Y él se queda para siempre en esta linda historia”, expresa el emotivo texto en el material, adornado con las banderas de Paraguay y Brasil.
La estricta rutina del “perro supervisor”
A pesar de no ser ingeniero ni constructor, los obreros relatan que “Rubio” mantiene una disciplina admirable y una rutina diaria que cumple de manera rigurosa.
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Todas las mañanas llega a la parada de colectivos de donde sale el móvil que traslada a los trabajadores hacia la zona de obras.
Sube al bus como uno más del equipo, se acomoda en la parte delantera para oficiar de copiloto y saluda a sus compañeros a medida que van abordando la unidad. Además, desayuna todo lo que los obreros le inviten con gusto.
Una vez en el lugar, sube a los botes para cruzar hacia el lado brasileño, donde su tarea autoasignada consiste en recorrer minuciosamente cada uno de los frentes de trabajo.
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El canino participa activamente de las reuniones técnicas en el terreno y de las tradicionales rondas de tereré. Según los constructores, su momento favorito de la jornada es el almuerzo, donde es consentido con porciones del menú de todos los trabajadores, para luego buscar un lugar fresco bajo la sombra para su sagrada siesta.
Un guardián que se queda en la historia
Al caer la tarde, “Rubio” emprende el regreso en bote disfrutando de la puesta de sol sobre las aguas del río. El día concluye para él cuando el colectivo lo lleva de regreso a la parada de Carmelo Peralta y se despide de sus amigos, quienes se dirigen a sus respectivos hogares.
No obstante, los obreros comentaron que hay noches en las que el animal prefiere no volver al pueblo y elige pernoctar en los campamentos de la constructora para custodiar el lugar.
Con la histórica unión de los extremos del Puente de la Bioceánica, que finalmente conectará los océanos Pacífico y Atlántico, la megaobra entra en su etapa final.