Día Nacional de la Lectura: cómo leen los paraguayos en la era del “scroll”

Este 28 de agosto se conmemora el Día Nacional de la Lectura en Paraguay, una fecha que apunta a descentralizar los libros e instaurar la lectura como hábito. Mientras la inmediatez de las redes sociales facilita el acceso pero fragmenta la atención, la escasez de librerías en el interior del país y los desafíos estructurales de comprensión lectora plantean un escenario complejo.

Desde el 2023, cada 28 de agosto, el Paraguay celebra el Día Nacional de la Lectura, una fecha pensada para promover la palabra escrita, fortalecer la producción editorial y democratizar el acceso al libro en todo el territorio nacional. La conmemoración encuentra hoy a la sociedad paraguaya en un punto de inflexión: por un lado, un notable interés impulsado por plataformas digitales y eventos culturales; por el otro, brechas históricas en infraestructura, hábitos de estudio y distribución del tiempo libre.

Según datos sociodemográficos y la Encuesta sobre Uso del Tiempo (EUT) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2016, el tiempo libre dedicado al entretenimiento cultural y la lectura recreativa sigue compitiendo intensamente con las altas cargas del trabajo laboral y doméstico. No obstante, en los últimos años han surgido dinámicas que reconfiguran el perfil del lector nacional.

Redes sociales y el fenómeno del “acceso inmediato”

El avance de los formatos digitales y las redes sociales ha transformado radicalmente la forma en que los paraguayos se vinculan con el texto. Para Estela Kobs, escritora y vicepresidenta de Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), la lectura hoy ocupa un lugar de protagonismo que antes requería un esfuerzo mayor de búsqueda física.

“Mi percepción es que hoy la lectura es más protagonista en la vida de los paraguayos. Y digo increíblemente porque antes, si queríamos leer, teníamos que buscar un libro o ir a una biblioteca. Hoy es más accesible a través de internet y las redes sociales, donde se empezó a fomentar la micropoesía o los textos cortos”, señala Kobs.

Sin embargo, la representante de EPA advierte sobre la ambivalencia de este fenómeno: “Lo que hace accesible la lectura también se vuelve un obstáculo para buscar los libros clásicos o mantener una lectura dirigida de una buena novela. Nos quedamos con lo que tenemos más rápido a la mano, aunque la parte positiva es que la gente hoy reconoce nombres de autores y temas con mayor soltura que antes”.

Foto Gentileza Secretaria Nacional de Cultura

Por su parte, la gestora cultural Oriana Olivares, representante de Librería de la Paz, coincide en que las tendencias contemporáneas impulsaron el interés juvenil, dinamizado en gran medida por la adaptación de libros a series y contenidos virales. “Hubo un momento donde para adolescentes de 14 a 17 años se volvió tendencia leer el libro de la serie del momento. Estar al día con los libros se volvió algo deseable y eso es una estrategia de promoción muy potente”, explica.

La Ley 7140/23 y el Plan Nacional de Lectura: promesas y deudas

El marco institucional actual responde a la promulgación de la Ley N.º 7140/23 “De Fomento de la Lectura y el Libro”, una normativa nacida del esfuerzo conjunto entre la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), cámaras editoriales y colectivos de escritores. La ley contempló la creación del Consejo Nacional de la Lectura y el Libro y el trazado de un Plan Nacional de Lectura.

A tres años de su promulgación, los actores del sector perciben tanto avances como tareas pendientes. Para Estela Kobs, la consolidación del propósito de la ley sigue siendo una deuda. “La ley abrió una puerta de esperanza, pero aún estamos en una transición. El Plan Nacional de Lectura es pretencioso en sus componentes y ejecutar una ley programática requiere de acciones concretas que llevan su tiempo”, indica.

A su vez, Oriana Olivares destaca que en mesas de trabajo recientes se observó estadísticamente un incremento en el consumo literario gracias a políticas públicas puntuales, pero enfatiza que la clave está en la sostenibilidad. “No basta con un consejo; tiene que ser una política de Estado articulada entre el Ministerio de Educación, Relaciones Exteriores, Industria y Comercio, Cultura y el sector privado. Actualmente se proyecta un Plan Nacional de Cultura con miras al 2050 para abordar la lectura de forma integral”, afirma.

Cinco personas revisan libros en la Feria Internacional del Libro en Asunción.

Desiertos de librerías y el desafío de la comprensión lectora

El acceso al libro impreso en Paraguay padece una profunda centralización geográfica. Fuera de Asunción y capitales departamentales como Ciudad del Este o Encarnación, la presencia de librerías comerciales es prácticamente nula.

“En el interior del país no hay librerías. Lo que se desarrolla de a poco son bibliotecas públicas que recién en los últimos años se han venido nutriendo”, destaca Olivares. Asimismo, la gestora señala una problemática de fondo en el ámbito educativo. “Muchos paraguayos leen, pero no hay suficiente comprensión lectora. Es una consecuencia de décadas donde las escuelas no profundizaron en la parte analítica, algo que el sistema educativo debe subsanar urgentemente”.

El rol de las escritoras y la mediación cultural

Frente a este panorama, las organizaciones gremiales y los espacios culturales juegan un papel fundamental como mediadores. Desde EPA, Kobs resalta el trabajo que realizan para visibilizar la producción de las autoras nacionales y generar un contacto directo con las nuevas generaciones.

“Escritoras Paraguayas Asociadas nació para darle a la mujer el lugar que le corresponde en la literatura. Hoy tenemos cerca de 17 libros colectivos publicados y buscamos que lleguen a las escuelas a través de iniciativas como ‘El escritor en la escuela’. Es clave que el joven descubra que su escritor favorito es una persona real, cercana, a la que le puede escribir un correo o consultar para una tesis”, enfatiza Kobs.

Del mismo modo, Olivares recalca la importancia de eventos como ferias para vincular el libro con otras expresiones artísticas. “Las ferias permiten que el público que va a ver una manifestación de arte o a llevar a los niños a una actividad infantil termine acercándose a la lectura”.

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