El lado oculto del barrio Jara: la zona que el microtráfico convirtió en tierra de nadie

Cámaras de seguridad de esta residencia ubicada en Soldado Paraguayo casi Teniente Insaurralde, barrio Jara, captaron el ingreso de un presunto "chespi" que hurtó equipos médicos valuados en G. 40 millones. Fue en marzo pasado. La expansión del microtráfico en la zona es preocupante.

El barrio Jara de Asunción, conocido por ser una zona residencial y de pujante desarrollo económico en gran parte de su extensión, esconde, una problemática que avanza a pasos agigantados. El microtráfico ha convertido un sector cercano de la avenida Artigas en una suerte de tierra de nadie, para angustia de los vecinos y preocupación de toda la comunidad.

El emblemático barrio Jara de Asunción, que hoy padece las consecuencias del microtráfico, linda con Las Mercedes, Mariscal López, Virgen del Huerto, Virgen de la Asunción y San Juan, con los que comparte las avenidas Gral. Santos, Artigas y Brasilia.

“Antiguamente denominada “Quinta Jara”, el actual Barrio Jara es hoy habitada predominantemente por la clase media asuncena; cruzada por importantes avenidas, universidades y colegios, así como también una gran diversidad de centros comerciales y centros nocturnos. Y en esta pujanza, propia de un barrio que crece, perduran historias de vida, en esta gran casa para miles de familias en Asunción", dice una publicación de la Municipalidad de Asunción del 23 de agosto de 2020, en el marco de la campaña Biografias de Asunción.

Publicación de la Municipalidad de Asunción sobre la historia del barrio Jara, en el marco de la serie Biografías de Asunción, del 23 de agosto de 2020.

El material rescata el testimonio de una vecina de nombre María, que comparte el orgullo de haber nacido y criada en este histórico barrio. La entrevistada cuenta que anteriormente “la zona lucía un poco oscura y desolada pero que, con el paso del tiempo y la llegada de nuevos vecinos, se fueron arreglando los caminos, caminos que los conectó con el desarrollo”.

Entre los numerosos comentarios que tuvo la publicación de referencia, se destaca uno que alerta de un problema que hasta hoy permanece sin solución.

Vecinos sospechan que protección política dilata desalojo en barrio Jara

“Muy lindo Barrio Jara!! Lugar donde nací y crecí! Lástima que nunca nadie hizo caso a la famosa calle Ciancio, hasta hoy día ocupada y encima con sentencia ganada firme y ejecutoriada!! Hasta hoy día sufrimos la falta de interés. Pero eso sí, todos los servicios nos hacen pagar como barrio residencial. Y mientras tanto ni calle tenemos!!” lamentaba una vecina.

Dos hombres caminan por la calle Santiago, del Barrio Jara, Asunción, donde los vecinos recurren a la guardia privada para evitar hurtos.

Hoy, a seis años de aquella publicación, la sentencia de desalojo sigue sin cumplirse. Las personas que alguna vez llegaron al lugar para refugiarse de la inundación, han convertido una cuadra de la calle Ciancio en un reducto intransitable para los lugareños.

Ciancio entre Santiago y Vía Férrea lo tomaron personas afectadas por la inundación hace años. Son 13 familias que se adueñaron de este sector. Hay resolución de desalojo pero no se cumple por cuestiones políticas, todos son adherentes del Partido Colorado y colaboran con la seccional acá de la zona, la N° 5. No se les puede tocar por eso, ya pedimos muchas veces que cumplan la orden y no hay caso”, lamentó otra vecina que pidió reserva de identidad, debido a las constantes amenazas de los invasores.

Prepotencia, impunidad y represalias por denuncias en la “zona roja”

A diferencia de María, nuestra entrevista relata que lejos de traer desarrollo, los nuevos vecinos que le tocaron solo trajeron quebranto. En este sector, la prepotencia se hizo ley y, ante menor reclamo por las molestias ocasionadas, las represalias no se hacen esperar.

“Esta parte está considerada zona roja. Ellos prohibieron el paso de vehículos, solo se puede pasar caminando. Los fines de semana es una locura, hacen asado, ponen música a todo volumen, usan a sus hijos para delivery de drogas”, explicó.

Recordó que hace una semana un vecino, septuagenario, pidió que bajaran el volumen y ante la falta de atención a su reclamo, llamó a la Policía. Los agentes de comisaría 9ª acudieron a su llamado en horas de la siesta, exigieron que bajaran el volumen y así se hizo.

Sin embargo, a eso de las 17:00, ya bajo los efectos del alcohol, los denunciados atropellaron la vivienda del denunciante. La agresión generó un violento enfrentamiento, dado que el hijo y otros vecinos salieron en su defensa.

“El señor, que es un adulto mayor de 70 años les pidió que bajen la música, al mediodía era insoportable. Como no le hicieron caso, llamó a la policía y se fueron a reclamar. Entonces se calmaron un rato, pero a eso de las 17:00 fueron a apedrear la casa, rompieron la ventana y la moto del hijo. Antes acá era muy tranquilo, pero ahora es el desenfreno total”, expresó.

Microtráfico sin freno:“Nuestro barrio está minado de chespis”

Más allá de los conflictos vecinales, la cara más oscura de esta “zona liberada” es el microtráfico, una problemática profundamente arraigada que mantiene en vilo a la comunidad.

“Nuestro barrio ahora está minado de chespis, vienen de todos lados y no podemos hacer nada. A la tardecita tenemos que encerrarnos en nuestras casas. Uno denuncia prácticamente de balde porque ni 24 horas duran en la comisaría. Hace una semana se hizo un allanamiento, dos personas fueron detenidas y uno fue liberado y vino a gritar acá que pagó G. 50 millones al fiscal para salir. No sabemos si es cierto o no, pero él está libre y se pasa desafiando a todos”, relató.

En esta casa abandonada en las cercanías de la avenida Artigas, es común ver a personas en situación de calle y de adicción.

La vecina relató que, hace cuatro años, ante la ola de inseguridad que afrontan, el barrio logró instalar cámaras de seguridad tras un gran esfuerzo colectivo, pero estas fueron destruidas en menos de un mes.

“El tema del microtráfico es de terror, los niños crecen viendo a los chespis. Ahora por lo menos vienen los policías, pero ellos no les respetan, se ríen, les dicen cualquier cosa, se hacen escuchar y ellos (los agentes) se aguantan porque no pueden ir contra ellos tampoco. Los mismos policías nos dicen que no pueden actuar porque, si los denuncian, terminan perdiendo el trabajo debido al nulo apoyo de la Fiscalía”, explicó nuestra entrevistada, que hace más de 30 años vive en las inmediaciones de la zona afectada.

Sin embargo, este reclamo es común en distintos sectores del barrio. Una vecina de la calle Florida por ejemplo, comentó que los adictos salen a recorrer el barrio y llevan a su paso todo lo pueden.

“Básicamente, los chespis que atacan a los vecinos de la zona residencial de Barrio Jara son del barrio mismo, vienen de la zona baja (la mayoría vive en las casitas precarias de las vías del tren) y roban en todas las formas. Entran a las casas, pero también roban todo lo que está por fuera: basureros, planteras con plantas, focos...lo que encuentran a su paso” comentó.

“Hay adictos por la calle como en todos lados. Estamos rodeados por la Chacarita y el bajo ....y ya sabes cómo es”, comentó un vecino de la calle Concordia.

Otra vecina, que reside en la calle Tte. Benigno Villamayor (continuación de Concordia), comenta que las guardias privadas contribuyeron para mermar los robos en la zona, pero que la manera en que la gente se atrinchera en sus casas, da cuenta del temor que existe.

“La gente ya sola se arma de muchas cámaras, cercos, perros, guardias privados y se defiende como puede. Eso vas viendo cuando entras en las calles que son menos transitadas y empedradas”, explicó nuestra entrevistada, que fue asaltada precisamente frente a su casa, hace algunos años.

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