El obispo auxiliar de Asunción, monseñor Gabriel Escobar Ayala, pidió este martes a las nuevas autoridades municipales y concejales que asumirán sus cargos que gobiernen con respeto a la persona, la familia, la justicia, la verdad y el bien común, “sin diferencias de banderías políticas”.
El mensaje lo dio durante la homilía de las Vísperas Solemnes de la Virgen del Rosario, celebradas en Lambaré. El prelado, miembro de la congregación salesiana, afirmó que “el único color debe ser el del amor”. Pidió que los colores patrios sean el estandarte de los nuevos gobernantes: el rojo como justicia, el blanco como paz y el azul como libertad.
Monseñor Escobar sostuvo que la ciudadanía “sencilla y humilde” dejó una enseñanza en las últimas elecciones municipales. Según dijo, los electores marcaron con claridad los valores que esperan ver en sus gobernantes.
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Los jóvenes, “una luz de esperanza”
El obispo destacó la participación de más de un millón de jóvenes que votaron por primera vez. Los calificó como “nueva sangre” y una “luz de esperanza” para el país.
Aseguró que el cambio “se puede” lograr desde las bases juveniles. Pidió a las nuevas generaciones que asuman este tiempo de renovación con la certeza de que ser joven es “cuestionar, involucrarse y aportar activamente” al desarrollo nacional.
La homilía no mencionó nombres de autoridades ni medidas concretas. El planteamiento fue general: un llamado a que los nuevos gobernantes sepan que existe “un nuevo Paraguay que quiere levantarse”.
Protección social “efectiva, cercana y humana”
Gran parte de la prédica se centró en quienes, según el obispo, quedan fuera. Describió una Asunción de realidades muy distintas, con familias que enfrentan a diario dificultades para acceder a vivienda digna, alimentación, salud, educación, empleo y seguridad.
Mencionó a adultos mayores que viven solos, niños y jóvenes que necesitan oportunidades, personas con discapacidad que encuentran barreras y quienes viven en pobreza y exclusión.
Planteó que hablar de protección social no es hablar solo de “programas, instituciones o recursos”, sino “de personas concretas”. Formuló preguntas directas: “¿Quién está quedando atrás?”, “¿Quién no tiene acceso a lo indispensable?” y “¿Quién necesita que la sociedad vuelva a mirarlo con dignidad?”.
También pidió que las instituciones estén “al servicio de las personas”. Aclaró que la responsabilidad no recae solo en el Estado, sino también en organizaciones sociales, comunidades, familias, empresas, iglesias y cada ciudadano.
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“María escucha para servir mejor”
En lo espiritual, el obispo se apoyó en el Evangelio de Lucas (10,38-42), el pasaje de Marta y María. Explicó que la frase de Jesús “María ha escogido la mejor parte” no desprecia el servicio, sino que invita a “ordenar el corazón”.
Sostuvo que la verdadera escucha de Dios “nunca nos deja indiferentes” ante el sufrimiento de los hermanos. Pidió que el Rosario no sea “solamente un objeto que llevamos”, sino “un camino de transformación” que lleve de la oración a la acción y de la fe celebrada a la fe vivida.
Invitó a los fieles a convertir cada misterio del Rosario en una oración por la ciudad y el país. Les pidió además no esperar que “otros cambien la realidad” y preguntarse: “¿Qué puedo hacer yo?”.