El negocio de la construcción no empieza ni termina en la obra. Empieza en una fábrica de cemento, en un taller de estructuras metálicas, en una empresa de climatización. Termina, a veces, en una cadena de pagos rota que arrastra a decenas de empresas, familias y empleos.
Un proyecto de mediana o gran escala puede involucrar desde 40 hasta más de 100 proveedores: fabricantes de cemento, acero y hormigón elaborado, empresas de climatización, domótica, instalaciones eléctricas, logística y alquiler de maquinaria. Lo que se ve es el edificio, pero lo que no se ve es un ecosistema que influye en el desarrollo de la economía nacional.
“La previsibilidad en el cumplimiento de los contratos y de los pagos es uno de los pilares para la estabilidad del sector. Permite a las empresas organizar sus finanzas, proyectar inversiones y sostener el ritmo de ejecución de las obras”, afirma José Luis Heisecke, presidente de la Cámara Paraguaya de la Construcción (Capaco) en conversación con ABC Negocios.
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El efecto multiplicador
La construcción tiene uno de los mayores efectos multiplicadores de la economía. Cuando funciona, arrastra al transporte, al comercio de materiales, a los servicios especializados y al empleo técnico. Cuando se frena, el impacto se distribuye hacia atrás en toda esa cadena y, por ende, golpea en el consumo privado a nivel nacional.
La rentabilidad del sector depende de una ecuación precisa: control de costos, cumplimiento de plazos y previsibilidad financiera. La adjudicación de un contrato es solo el punto de partida. Lo que viene después, la ejecución, es donde se gana o se pierde.
Para Diego Daud, miembro del Consejo de Capaco, la principal fuente de ganancias surge del margen entre el costo de ejecución y el precio final de venta o adjudicación. Un margen que se comprime con cada variable que escapa al control de las constructoras.
El proveedor correcto, no el más barato
Seleccionar proveedores no es solo una decisión de precio. Las constructoras evalúan calidad, experiencia, capacidad de respuesta y cumplimiento. En contextos de mayor presión financiera, esos factores se vuelven decisivos.
“Un material más económico que llega fuera de plazo puede generar multas, retrasos y sobrecostos laborales que terminan anulando cualquier ahorro inicial”, explica Daud.
Las relaciones entre constructoras y proveedores se construyen, en general, a largo plazo. La confianza y el cumplimiento mutuo son el aceite que hace funcionar el sistema. Cuando la cadena de pagos opera con normalidad, el engranaje avanza. Cuando se rompe, las tensiones se propagan en cascada.
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El Estado como eslabón crítico
Heisecke es directo al señalar los principales desafíos que enfrenta el sector hoy: falta de previsibilidad financiera, encarecimiento del crédito y dificultades para sostener la cadena de pagos. En ese escenario, el cumplimiento contractual por parte del Estado es vital.
Los atrasos en los pagos públicos no solo afectan a las grandes constructoras: se trasladan hacia abajo, hasta el proveedor de insumos o el subcontratista que financió su parte de la obra con capital propio o con crédito bancario.
Para sostener esos períodos de espera, las empresas buscan alianzas estratégicas con proveedores que ofrezcan líneas de crédito flexibles. El flujo de caja se convierte en una variable tan crítica como la ingeniería del proyecto.
Inflación, dólar y combustibles: la tríada de riesgo
Los presupuestos de construcción están expuestos a tres variables macroeconómicas que presionan de forma permanente.
El dólar afecta materiales importados: ascensores, terminaciones y acero cotizan en moneda extranjera. Los combustibles impactan en el transporte de insumos y en los trabajos de movimiento de suelo. La inflación encarece los costos laborales y erosiona los márgenes de los contratos firmados meses antes.
Para mitigar esos riesgos, las empresas utilizan mecanismos de reajuste de precios basados en índices oficiales del Banco Central del Paraguay (BCP), compras anticipadas de materiales y planificación rigurosa de cronogramas.
Suelo caro y normativas que reconfiguran el mercado
La planificación de nuevos desarrollos enfrenta otro factor de presión: el precio del suelo. Cuando la incidencia del terreno supera entre el 15% y el 20% del costo total del proyecto, la viabilidad financiera empieza a deteriorarse.
Esa ecuación explica el auge de los edificios de departamentos en altura y el desplazamiento de los desarrollos horizontales hacia el área metropolitana: Luque, Lambaré y Limpio absorben hoy parte de la demanda que Asunción ya no puede sostener económicamente.
El sector construye infraestructura. Pero también construye, permanentemente, su propia capacidad de sobrevivir a un entorno financiero que rara vez le da tregua.