Energía solar en el campo: promesa real, pero la red gana el partido

Energía solar en el campo: promesa real, pero la red gana el partidoGentileza

Instalar paneles solares para cubrir cuatro pívots y una fábrica de balanceados cuesta cerca de US$ 200.000 y se amortiza en 12 a 15 años. En el Chaco, donde la ANDE compite con tarifas hidroeléctricas, la transición energética avanza, pero a paso medido.

El sol no falta en el Chaco paraguayo. Lo que todavía falta es que los números cierren. La energía solar viene ganando terreno en el agro como alternativa para reducir costos operativos y cortar la dependencia del gasoil. Pero cuando la escala sube, pívots de riego, fábricas de alimentos, instalaciones intensivas, la ecuación se complica.

La inversión inicial es alta, la amortización es larga y la ANDE, con sus tarifas basadas en energía hidroeléctrica, sigue siendo difícil de vencer en costo por kilovatio hora. Teresa Adorno, propietaria de Agroganadera Karanda’y Poty, lo analiza desde adentro.

US$ 200.000 y 15 años para amortizar

Adorno está en pleno proceso de modernizar y escalar su operación: más cabezas, tecnología de riego y producción propia de alimentos balanceados. En ese esquema, evaluó la viabilidad de migrar a energía solar para alimentar cuatro pívots y su fábrica de balanceados.

La cifra que surgió luego del análisis fue cerca de US$ 200.000 dólares de inversión inicial con un horizonte de retorno de entre 12 y 15 años.

“La decisión es estratégica: buscamos producir más cabezas con tecnología de riego y nuestra propia fábrica de alimentos. Pero el cambio a energía solar implica un sobrecosto alto. Hoy lo vemos como una visión a largo plazo, cuando el sistema se equilibre y permita comparar con la red eléctrica”, señaló la empresaria.

Por ahora, la solar es una alternativa latente dentro del plan de modernización. No es prioridad inmediata.

Dónde sí conviene

Eso no significa que la energía solar no tenga lugar en el campo. En operaciones de menor escala o con consumos más estables, las ventajas son concretas.

Reducción de dependencia del gasoíl y los generadores. Menos exposición a cortes de energía, que en la actividad ganadera pueden significar pérdidas reales: animales sin agua, vacunas sin refrigeración, insumos veterinarios comprometidos. En esos puntos críticos, la estabilidad que ofrece un sistema solar, incluso parcial, tiene valor económico directo.

El problema aparece cuando los picos de consumo se disparan. Los sistemas de riego y la producción de balanceados generan demandas que obligan a sobredimensionar la infraestructura solar y a incorporar sistemas de almacenamiento costosos. Ahí es donde la amortización se estira y la competitividad frente a la red convencional se diluye.

La ANDE como parámetro

Paraguay tiene una ventaja estructural que pocos países de la región pueden exhibir: energía eléctrica barata, generada por fuentes hidroeléctricas. Eso convierte a la red de la ANDE en un referente de eficiencia económica difícil de igualar, especialmente para establecimientos agroindustriales de gran escala.

Mientras ese diferencial exista, la solar difícilmente reemplazará a la red. La oportunidad real está en los modelos híbridos: solar para consumos base o puntuales, red para los picos de demanda.

El futuro: híbrido o nada

Adorno ve con optimismo el mediano plazo. Si mejoran los sistemas de inyección a la red y bajan los costos de almacenamiento energético, la balanza puede moverse. Pero hoy, la ecuación todavía no cierra para las grandes operaciones.

El agro paraguayo enfrenta un desafío que va más allá de la tecnología disponible: tomar decisiones de inversión donde el equilibrio entre capital inmovilizado, riesgo operativo y productividad define si un proyecto es viable o no.

La transición energética llegó al campo. Pero en el Chaco, donde el sol sobra y la electricidad es barata, avanzar despacio es una estrategia.

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