Y hablamos de la democracia porque es el sistema político que nuestros representantes han elegido como sistema de gobierno cuando salíamos de una dictadura, una tiranía que duró tanto que llevó a valorar muchos conceptos, como la importancia de las instituciones para evitar la acumulación del poder en una sola persona o un reducido grupo político.
Un historiador salvadoreño llamado Héctor Lindo fue tan preciso con la descripción que quiero compartirla aquí: “La concentración del poder abre la puerta a la corrupción, al uso de los recursos del Estado para premiar a amigos y castigar enemigos, al control de la prensa para ensalzar a los gobernantes y suprimir las noticias inconvenientes. A esto se puede añadir que cuando no se permite la discusión abierta de los problemas nacionales los gobiernos toman malas decisiones e incluso las buenas ideas se implementan de forma contraproducente”.
Mientras más poder se concentre en un grupo reducido, o en un aprendiz de tirano, el primer síntoma es la corrupción que fortalece a los amigos y persigue a los contrarios. Si el anterior era un desastre, este es un sastre, uno caro y especializado, porque todo lo que podemos ver hasta ahora son licitaciones que se realizan a medida.
El segundo punto, de control de la prensa, es también necesario. Necesitan que se callen las voces que dejan en evidencia lo que están haciendo con el país y el futuro del mismo. Es por ello que buscan impedir el trabajo, dar marcha atrás a las leyes de transparencia, buscar el desprestigio de las voces disidentes y apostar las fichas del lado amigo del tablero.
El tercer punto también es conocido por nosotros, “no se permite la discusión abierta de los problemas nacionales”. Es lo que vimos en el preciso lugar donde se deberían discutir los problemas del país y sus posibles soluciones, en el Congreso, cuando las mayorías arrolladoras impiden los debates, aprueban importantes medidas sin analizarlas suficientemente y luego vienen las reculadas por esos errores.
Esperamos que este año, que llega posiblemente con la conformación de alianzas circunstanciales y fragmentaciones que parecían imposibles, pueda darse la discusión de importantes -y necesarias- leyes y reformas que se anuncian desde el oficialismo, pero principalmente, que se logren los consensos necesarios para el bien de todos los que habitamos esta tierra.
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