Mientras las autoridades nacionales tratan de minimizar la grave situación del tramo que se inicia en Calle 6.000 (Guajayvi, San Pedro) y se extiende hasta Azote’y (Concepción), las familias enlutadas por los “baches mortales” aseguran lo contrario.
Durante los primeros dos años del Gobierno encabezado por Santiago Peña, se restó importancia al reclamo de los sampedranos, que constantemente vienen repitiendo el pedido de arreglo de la ruta para evitar otros sucesos mortales causados por los peligrosos pozos.
Tras las presiones ejercidas por la ciudadanía a las autoridades, el presidente Peña y la ministra de Obras Públicas, Claudia Centurión, anunciaron el inicio de reparación desde la Calle 6.000 hasta Azote’y, en un tramo de 150 km. La nueva promesa es que los trabajos se iniciarán esta semana, a cargo de la constructora Sotec SA.
Por todo lo que significan las penurias de los compatriotas que circulan por esta ruta y de toda esa gente que perdió a un familiar o ser querido a consecuencia del pésimo estado de la ruta, se espera que el anuncio realizado por las autoridades nacionales no sea solamente para tranquilizar los ánimos de la población, como ya ocurrió en otras ocasiones. Es en este punto que vale resaltar que en mayo de 2025 se aprobó una ley que declara en emergencia vial ese tramo de la ruta PY08, que abarca los distritos de Santaní, Guajayvi, Liberación, Gral. Resquín, Lima y Santa Rosa del Aguaray, de San Pedro, y Azote’y, en Concepción.
El objetivo de esa normativa era acelerar la reparación para garantizar la seguridad vial y prevenir accidentes, así como atender las implicancias económicas de las deficiencias en la infraestructura, que elevan los costos logísticos del transporte de productos agrícolas y mercaderías, afectando negativamente la economía nacional, según el argumento de los legisladores.
La normativa, con una vigencia de 90 días (tres meses), otorgaba facultades al Poder Ejecutivo para gestionar los recursos necesarios para llevar a cabo las reparaciones. Sin embargo, el MOPC realizó apenas unos precarios remiendos que en poco tiempo nuevamente quedaron destruidos y convertidos en trampas mortales.
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