Terror en IPS

Hay terror en el Hospital Central del IPS. Y con la gota de sudor frío que recorre el cuello de internados y el de sus familiares, hay también un hilo de esperanza, de un milagro salvador. Es tan profunda, tan sistémica, la negligencia reinante en la atención médica, que quien ingresa como paciente, no sabe si saldrá vivo. Los responsables no son monstruos salidos de una ficción. Son los gerentes, el Consejo Directivo, su presidente, Jorge Brítez, y Santiago Peña, a estas alturas dopado por su propio ego, que sigue viajando, subido a su nube de pedo.

Braulio Vázquez falleció luego de días esperando por un cateterismo que urgía, pero al que no llegó porque el equipo para la cirugía, no estaba disponible. Era un trabajador aportante al Instituto de Previsión Social (IPS), como lo somos todos los empleados formalizados del país, que dentro de ese descuento mensual también pagó un seguro médico.

 Irma Pineda, enfermera jubilada, yace en una cama del Hospital Central. Su peregrinar fue relatado por la sobrina, Paola, y es escalofriante: entró con una gangrena. Estuvo seis días en Urgencias, esperando cama; luego pasó a Terapia Intensiva, donde permaneció por 30 días. Ahí contrajo la bacteria KPC. El jueves, la sacaron de UTI y, con una traqueotomía, sonda, colostomía, una infección pulmonar y una expuesta, la pasaron a Clínica Médica, donde, según la denuncia, “no hay enfermero que le cuide; nosotros tenemos que encargarnos de su cuidado. Nos dan bata, tapabocas, guantes, y te dejan ahí a tu paciente, vos tenés que verte con tu paciente (sic)”.

La familia de Irma ya gastó más de G. 30 millones en medicinas e insumos, hicieron hamburgueseadas, sacaron préstamos. “Solo queremos una atención digna”, dice Paola, viendo la lucha de su tía por seguir con vida en condiciones de atención médica tan adversas, que rayan la negligencia, lo inhumano.

Las historias, escalofriantes todas, se repiten. Y no son una serie de ficción. Decenas de vidas penden de un hilo porque el sistema de salud del IPS está funcionando tan perversamente, que las máquinas no están habilitadas, ni hay medicamentos, ni la cantidad de médicos y enfermeros es suficiente, tampoco alcanzan las camas, y nadie hace absolutamente nada.

Como zombies, nos siguen hablando desde el avión o el helicóptero, de lo bello que se ve este país desde arriba (con certeza), pero en dos años y medio de Gobierno de Santiago Peña, el consejo directivo de IPS, cuyos miembros le responden a él, no ha podido implementar ni una sola medida que ayude a cambiar aunque sea un poquito, así, chiquito, esta realidad.

Lo más lamentable, posiblemente, es que tampoco se vaya a tomar ahora ni una sola medida; ni siquiera para la foto. Santi seguirá paseando por el mundo, Jorge Brítez firmando multimillonarios acuerdo con el dinero del asegurado, para beneficio de los amigos, y nosotros acá, a una enfermedad de ser los protagonistas de esta interminable serie nacional de terror, de alto, pero malversado presupuesto.   

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