Enojado para la foto

Es absolutamente intrascendente e insuficiente que el presidente Santiago Peña ponga cara de enojado al reunirse con el presidente del IPS, Jorge Brítez. Una foto de manual, con indignación tercerizada versión publicitaria, no soluciona los graves problemas de fondo. Esos rostros no remedian la corrupción, las carencias, la desidia, la negligencia y la muerte. Al contrario, dejan un mensaje demoledor: la presidencia del Paraguay sigue metiendo la mano en la previsional que pertenece a todos los patrones y obreros del país para servirse de ella con reparto discrecional de dinero, malversación y desabastecimiento.

Santiago Peña aterrizó esta semana en el Paraguay de manifestaciones contra las reformas de la Caja Fiscal, lo hizo después de vivir su mundo de las mil y una noches con jeques árabes y lujosos autos deportivos. Su primera tarea pública fue confrontar la crisis que vive IPS sintetizada en la muerte de un trabajador que esperaba estudios de una máquina descompuesta. No fue el único caso mediatizado: la máquina tampoco funcionó para un médico de la mismísima previsional que fue auxiliado económicamente por su familia y colegas en el sector privado. Qué otros casos hubo, que no fueron mediáticos, no lo sabemos.

No pasaron muchas horas después de la foto entre Peña y Brítez para que saltaran otras denuncias. Se confirma que ahora recién prepararon el pliego para la licitación de arreglo de los angiógrafos, que se pidieron ya en setiembre del año pasado y se dejaron vencer. Ergo, es el reconocimiento de que dejaron caer equipos cuya inoperancia habría costado la vida a Braulio Vázquez.

Por si algo faltara, nuestro diario descubrió que IPS compró sábanas y contrató lavandería por unos 160.000 millones de guaraníes a dos proveedores que vendieron por el doble del precio que pagó Salud Pública 10 meses antes.

A nadie le importa ni conmueve la cara seria de Santiago Peña con el presidente del IPS. Es solo una máscara para disfrazar su tolerancia a la corrupción. La prueba de esa indolencia presidencial hacia la corruptela es también Eddie Jara, presidente de Petropar, quien viajó nuevamente a Europa con su pareja, la diputada Johanna Ortega, en medio de la escandalosa revelación de documentos de la Contraloría que hablan de dinero sin trazabilidad. El desparpajo de la pareja en viajes anteriores a varios destinos europeos y americanos, además del alquiler de una casa para el verano por unos 17.000 dólares, solamente confirma el relajo total de Peña hacia las sospechas de corrupción de sus funcionarios. El problema no es el puchero presidencial para la foto. Es la ausencia de consecuencias. La indignación oficial ya no es un gesto moral, parece un golpe publicitario que a nadie engaña.

mabel@abc.com.py

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