Un therian del Derecho en el fraude total

Mientras en el mundo afloran los therian —gente que se percibe animal—, en el Paraguay aparecen los therian jurídicos, que se perciben profesionales del Derecho. En griego antiguo “Therian” significa “bestia”. Y, ¡oh, casualidad!, aquí hay bestias que se perciben abogados. Esta es una historia del mayor fraude moral en nuestro país.  

Las abuelas sostenían, con el gracejo heredado del garbo español y la agudeza guaraní: el saludo y el título de doctor no se le niega a nadie. Pero esto es tomado demasiado en serio en ciertos sectores. Abundan quienes exigen se les trate anteponiendo a su nombre un grado académico que están lejos de merecer.

Entre los individuos que se perciben abogados se halla el senador Hernán Rivas.

El caso del señor Rivas no puede encapsularse en una mera anécdota patética de la politiquería vernácula. El hombre protagonizó el más aberrante fraude jurídico en la historia del Paraguay al tomar posesión de la presidencia de una institución extrapoder cuya membresía es privativa de abogados, sin ser abogado.

Que le hayan inventado un “título” para encubrir la monstruosidad cometida es apenas una bufonada que no debe distraer la atención de lo esencial: cómo y para qué se cometió el desatino de nombrarlo presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, cuando su grado de entendimiento anulaba tal posibilidad. Por qué hicieron de él un constructo político y una falsedad académica.

Se obvian aquí detalles técnicos del proceso que le iniciaron y que resultó en un sospechoso sobreseimiento respecto a la posesión de un título falso. Que la causa prescribió, que no prescribió. Eso pasa a un plano aparte.

Lo grave es que el nombramiento de Rivas en el JEM fue un atentado perpetrado con alevosía y desprecio contra la moral de la Nación.

En el 2020, siendo diputado, Rivas fue designado miembro del JEM. El 6 de julio de 2023, ya como senador, fue nuevamente representante ante el Jurado. El 10 de julio se produjo el ridículo cumbre: el JEM lo eligió, por unanimidad, como presidente. El 1 de agosto Rivas renunció ante la presión ciudadana y la certeza de que no era abogado. Sus condiciones intelectuales expuestas con crudeza provocaban indignación y hasta lástima.

El rumor inicial se vistió de certidumbre: el jefe del Quincho había ordenado que lo plantaran en el JEM, a sabiendas de que no poseía los atributos académicos ni mentales para ello. Calígula e Incitatus. “Hago lo que quiero; me río de ustedes y de las instituciones”. El derrumbe moral. La voluntad de un ser por sobre la institucionalidad de la República.

El propio Rivas, el therian con toga, se percibió abogado, y los cipayos cartistas lo percibieron abogado y lo defendieron con mordiscos y arañazos. Todos catequizados como therian del patrón.

Hasta los jueces se percibieron therian justos, y permitieron el supremo colapso del sentido común. Rivas es un atropello a la razón. La más grande mentira jamás contada.

Es cartismo puro.

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