Peligroso

Las señales son inapelables: muchos políticos, hombres y mujeres, no volverán a ser votados en un próximo período.

El hartazgo que se percibe es tremendo: no hay vaca’i o compra de cédula que solucione el descontento generalizado… Muchos electores a nivel país seguirán vendiendo sus votos en las municipales de este año o en el 2028, cuando Santiago Peña deba irse… Pero también son altísimas las probabilidades de que pase lo que ya ocurrió en las elecciones generales del 2008 cuando el hartazgo por el gobierno de Nicanor Duarte Frutos entregó el gobierno a Fernando Lugo.

Y nadie lo vio venir.

Ni el dinero de Itaipú, ni los perfiles reales o falsos, ni los pagos a influencers, ni los desplantes verbales, ni las grotescas canalladas para plantar mentiras están dando abasto para instalar una inexistente satisfacción. Ni toda la comunicación fogoneada por el dinero público, ni los medios entregados al oficialismo logran dispersar la frustración.

Ya no importa lo que algunos digamos, es lo que la gente siente.

Santiago Peña está logrando el milagro y fractura que solo había conseguido Nicanor: la Feprinco confirmó que no están contentos ni obreros ni empresarios. Ni jefes ni funcionarios. Ni ricos ni pobres. Ni los de arriba ni los de abajo. Y cuando algo así pasa abre las compuertas a la crispación social que genera decisiones impulsivas y peligrosas.

Las razones suman y siguen. Y a los animales políticos les es absolutamente indiferente el peligro que se avecina.

El improvisado y autoritario debate de las cajas fiscales, la deplorable salud pública, los robos y la negligencia criminal en IPS; los descaradamente altos costos de la canasta básica, la vergüenza del transporte público, el mal manejo del dinero de la gente, la desvergüenza del robo de los impuestos del pueblo en provecho de unos pocos. Los negociados sin fin, el manejo del dinero en instituciones bancarias vinculadas al poder… todo se está acumulando y están actuando como si nada pasara.

Orlando Arévalo, Hernán Rivas, Erico Galeano, Chaqueñito Vera, Yaminal, animales políticos, distintos nombres, misma matriz. Son apenas algunos, síntomas de un sistema que ya está colapsando. El rosario de insatisfacciones está por ahorcarnos mientras los otros animales políticos siguen campantes.

Que todo siga igual es malo para el pueblo pero mucho más malo para los animales políticos: las próximas elecciones no serán una elección.

Serán un castigo.

mabel@abc.com.py

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