Una sentencia esperada

Ni la persona más optimista –en el supuesto de que todavía exista alguien en nuestro país- habrá esperado que la Corte Suprema se decidiera por la justicia en el caso de la exsenadora Kattya González.

Los cartistas y satélites esperaban esta bendición que respalde sus atropellos.¿Por qué se la dieron contra Kattya? Porque denunciaba los abusos de las autoridades. Cada intervención era una voz que se alzaba contra la corrupción y el autoritarismo. Nada anormal en el Parlamento de cualquier país del mundo donde activan oficialistas y opositores.

Con la salida de Kattya se dio esta particularidad: quien la sustituyó, el doctor Ignacio Iramain, es mucho más crítico aún. Sus denuncias, perfectamente documentadas, son tremendas. ¿Por qué perdonan ahora lo que no perdonaron antes? Por una razón muy sencilla: Iramain cambió de estrategia con tanta habilidad que sus colegas oficialistas no saben si están siendo criticados o elogiados. Así, por ejemplo, cuando les habla de la inmoralidad en el Parlamento, les recuerda la ética de Kant y la desarrolla magistralmente. Es cuando el rostro de los cartistas y satélites es un paisaje de desconcierto digno de ser encuadrado. Como no entienden de qué les habla, optan por callarse. Pero el resto de la población, mediante las redes sociales, recibe el impacto de la palabra exacta y comprende y aplaude una actitud valiente. A fin de cuentas, los sujetos de la prédica de Iramain no están en la sala.

Los ministros que rechazaron la acción de inconstitucionalidad son los mismos que estuvieron en la reunión a escondidas con Santiago Peña y Horacio Cartes, el 3 de diciembre pasado, en Mburuvicha Roga. Fue un encuentro muy fructífero para el cartismo. Nada es tan devastador para un país cuando los jueces prefieren vivir de rodillas frente al poder político y económico antes que cumplir y hacer cumplir las leyes.

Ante situaciones como éstas uno se pregunta cómo es posible descuidar el decoro personal y familiar. Llegar a ministro de la Corte es un privilegio. Es la culminación de la vida profesional de la que deben participar, con orgullo, los hijos, los nietos. ¿No es la ocasión de servir al país, de construir, paso a paso, un futuro de admiración y de respeto personal? ¿Por un plato de lentejas ponen de patas para arriba la Constitución y las leyes? Y no lo hacen por ignorancia. Son conscientes de la prevaricación y de su impacto en la opinión pública, también que estaban crucificando a una persona que en su legítima actividad política cumplía con su promesa electoral.

Los ministros que mancharon su nombre son: Alberto Martínez Simón, Luis María Benítez Riera, María Carolina Llanes, César Diesel; y los camaristas Miguel Angel Rodas y Esteban Kriskovich. Seis votos.

Pero hubo tres ministros que de algún modo atenúan el escándalo judicial con una conducta que la gente espera de sus máximos jueces. Son ellos: Víctor Ríos, Gustavo Santander y Manuel Ramírez Candia.

El doctor Ríos, entrevistado por “Ultima Hora” el pasado miércoles, dijo: “Nosotros no emitimos ninguna opinión acerca de si realmente se configuraron las causales invocadas por el Senado (para la pérdida de investidura), esa es una cuestión eminentemente política. Solamente hicimos el control de constitucionalidad de que se hayan respetado todos los procedimientos (…) desde el momento en que no se cumple con el debido proceso no se cumple con la Constitución”

Y con Kattya no se cumplió ese debido proceso. Ella anuncia que acudirá a organismos internacionales donde nuestro país es muy conocido por las muchas demandas de casos como el presente; demandas siempre favorables para los denunciantes con millonarias pérdidas económicas y morales para el Paraguay. Pero esta cuestión no preocupa a los ministros que rechazaron la inconstitucionalidad. Tienen otros intereses como acaban de demostrarlo con la prevaricación masivamente repudiada.

alcibiades@abc.com.py

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