Un país distinto

El genial periodista, escritor, poeta y crítico social uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) recordaba en su libro Patas arriba: La escuela del mundo al revés una frase escrita en algún muro de América Latina: “Hay un país distinto, en algún lugar”. Como que está, pero debemos encontrarlo. Ese país que queremos, donde las cosas funcionan mejor y el bienestar de las personas es una prioridad.

Un poco -o mucho- de esto sentimos al analizar el reciente informe del Poder Ejecutivo. Una economía que habría crecido 6,6% en 2025, casi tres veces el promedio regional, transmite la imagen de un país que avanza. Cifras que invitan a celebrar. Continuemos ahora con la pregunta incómoda: ¿cómo está repartido ese crecimiento?

Porque mientras los indicadores macroeconómicos sonríen, seis de cada diez trabajadores paraguayos permanecen en la informalidad, sin jubilación, seguro social ni estabilidad. Por otro lado, apenas ocho de cada diez estudiantes logran resolver problemas matemáticos básicos. ¿De qué crecimiento hablamos cuando tantos paraguayos siguen sin acceder a oportunidades elementales?

En términos absolutos, Paraguay creció alrededor de un 1.520% entre 1960 y 2025. Sin embargo, cuesta convencerse de que estemos haciendo realmente bien las cosas. En el IPS aparecen casi a diario nuevas irregularidades heredadas de administraciones anteriores. Cada tanto también se interviene una granja ilegal de bitcoins que, después de consumir durante un par de años millones de dólares en energía eléctrica, se halla vacía al llegar la Fiscalía. Así manejada, una empresa privada se funde. Y un país también.

Puntos a favor: la estabilidad y situación cambiaria ayudan a que Paraguay mantenga una posición relativamente favorable frente a otros países de la región. Pero también se advierte una desaceleración del consumo, impulsado durante los últimos años más por el endeudamiento de las familias que por un aumento genuino de sus ingresos. Ese camino difícilmente pueda sostenerse mucho tiempo.

Los verdaderos pilares de la economía paraguaya siguen siendo el trabajo, la inversión y el esfuerzo del sector privado. El estado debe acompañar ese esfuerzo garantizando servicios públicos eficientes, seguridad jurídica y una administración transparente. Y allí continúa estando en una gran deuda.

Las recomendaciones de la misión técnica del FMI recuerdan, curiosamente, aquella búsqueda del “país distinto” de Galeano. El organismo insiste en que es fundamental avanzar en la formalización laboral y ampliar la protección social para que el crecimiento sea duradero e inclusivo. No hay margen de interpretación.

Dato mata discurso. El 60,1% de los trabajadores paraguayos, unas 1.663.000 personas, no aportan ni cuentan con seguridad social. En las zonas rurales, siete de cada diez trabajadores permanecen en la informalidad. Hablar de desarrollo sin tocar estas realidades es, cuanto menos, incompleto.

Ese país distinto que menciona Galeano no esté escondido en otro continente. Es el Paraguay que todavía no terminamos de construir. Uno donde las buenas cifras económicas se reflejen en la vida cotidiana de las personas.

Al país no le va bien porque mejoraron -algunas- estadísticas. Sí le va mejor cuando mejora la vida de su gente. Mientras la salud, la justicia y la educación sigan estando aplazadas, ese país distinto seguirá siendo una promesa escrita en alguna pared, esperando que decidamos hacerla realidad.

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