Pacientes desesperados

La huelga de los médicos –que se repetirá pronto– resaltó una situación que siempre se sabía, pero no con tanta dureza como ahora; hospitales sin medicamentos, equipos averiados, pacientes que gritan su impotencia, médicos con elevada carga horaria y el mismo salario desde hace más de 10 años, la despreocupación de las autoridades, altísimas deudas a las farmacéuticas. Como si todo fuera poco, en el caso del IPS, el saqueo constante de sus bienes que impactan a los asegurados.

Santiago Peña, para certificar su interés, se fue a Encarnación para elogiar el rally. Mientras tanto, la policía garroteaba a los médicos en Ciudad del Este. Luego de varios días de silencio, Peña sale a prometer ahora “Más medicamentos, mejores condiciones laborales y una mejor infraestructura para nuestro sistema de salud pública. Hoy damos un paso importante (más dinero) y seguiremos trabajando sin descansar en soluciones para que cada paraguayo, esté donde esté, reciba un servicio de salud completo, digno y más humano. Ese es nuestro compromiso con el pueblo paraguayo”.

El de Peña es un gobierno de las promesas que nunca se cumplen. Aparecen, como ahora, para calmar el descontento generalizado. Pero el Gobierno se equivoca. Ese “compromiso con el pueblo paraguayo” es tan irreal como que cada paraguayo “recibirá un servicio de salud completo, digno y más humano”.

Lo más humano que se necesita es que las autoridades dejen la indiferencia y la burla hacia quienes padecen. La gobernadora de Concepción –cartista, naturalmente– salió a decir que los médicos trabajan poco, ganan bien y no tienen motivos para ir a la huelga. Ella es médica y tiene una solidez económica envidiable. Pero ¿cuántos son los médicos que pueden encabezar una Gobernación y, sobre todo, que sean cartistas?

Se dijo igualmente por ahí que la medicina es un apostolado. Se da el caso de que también los apóstoles comen, tal como lo afirma la Biblia y podemos ver en el famoso cuadro de Leonardo da Vinci.

¿Que los médicos trabajan poco y quieren ganar mucho? ¿Qué es trabajar poco? En unos minutos, o en unas horas, un médico puede salvar vidas o mejorarlas.

“No hay dinero”, es la respuesta del Gobierno. El senador Gustavo Leite –de cuyo animoso cartismo nadie puede dudar– demuestra (Última Hora del domingo 30) que si el Gobierno dejara de despilfarrar, se podría ahorrar, o recuperar, 400 millones de dólares para la salud. Serían de estos rubros: combustibles; tecnología, informática y alquiler de equipos; gasto operativo no esencial; obras y alquileres de edificios institucionales; si se compran medicamentos e insumos a precio mayorista; viáticos, pasajes, ceremonial y alimentación; consultoría, publicidad, seguros y capacitación.

El estudio del senador Leite desmiente la obstinada afirmación de la ministra de Salud, el ministro de Economía, el titular del Congreso, que no hay dinero, tampoco de dónde sacarlo. El senador Leite demuestra que hay dónde conseguir. El problema es la corrupción que cierra todos los caminos que nos permitirían mejorar. Pero nadie, pudiendo, quiere hacerlo.

La renuncia masiva de los médicos como expresión de hartazgo es respetable y comprensible. Pero hay un problema, si quedan pocos médicos en los hospitales públicos, se debilitarán las voces que el gobierno no quiere escuchar. Desde adentro será más fácil seguir denunciando la indigente situación de la salud pública.

En la lista de renunciantes figuran especialistas que será imposible, o difícil, sustituirlos, junto con otros que ayudan a aliviar a un pueblo necesitado. Tampoco cabe idealizar a los médicos frente a muchos de ellos que abandonan sus obligaciones para integrar el selecto y bien remunerado grupo de hurreros.

Si el Gobierno no quiere escuchar a los médicos, que escuche a los miles de pacientes desesperados. Desesperar es dejar de esperar.

alcibiades@abc.com.py

Lo
más leído
del día