¿Cómo llegó hasta ahí? Es la pregunta que motiva el hecho de hallar a una tortuga en esa situación y que, en política, se utiliza para referirse a alguien que llega a un cargo de mucho poder sin tener ni los méritos ni las condiciones para ello.
En realidad, en el caso de Rivas, la referida pregunta es solo retórica. En Paraguay, quienes conocen más o menos el escenario político de los últimos años saben bien de los manejos autoritarios y arbitrarios del cartismo.
Por más que Bachi Núñez, Tony Barrios y otros dirigentes oficialistas quieran convencer de que en el Comité Político de Honor Colorado reina la democracia, sabemos, por innumerables ejemplos lejanos y recientes, que ahí prima la voluntad de una sola persona: la del jefe Horacio Cartes.
Además, es fácil sospechar para qué fue puesto Rivas en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, sacando de manera inconstitucional al entonces representante de la Cámara Baja en esa institución: el diputado colorado Ramón Romero Roa. Este legislador tenía la dignidad que a muchos representantes de Honor Colorado les falta y no hubiera admitido recibir órdenes, cual si fuera un monigote.
Rivas, por su poco entendimiento en materia jurídica y su falta de escrúpulos, era el tipo justo para obedecer lo que le ordenaban que hiciera.
Ahora que estalló el escándalo todos los que tuvieron que ver en la nefasta entronización de este engendro claman ignorancia e inocencia, algo inadmisible en parlamentarios y políticos con varias décadas en el ejercicio de la función pública.
Lo que en verdad hubo acá fue un monumental fraude contra las instituciones nacionales y contra la ciudadanía. Y son responsables todos los que participaron de la maquinación, incluidos algunos opositores y principalmente el dueño del quincho de donde partió la orden. Con seguridad, tuvo el papel principal en esta estafa a la democracia.
No es el primero y no será el último despropósito que cometan. Demostraron con creces, con la expulsión de Kattya González, el copamiento de la Contraloría y de otras varias instituciones, que están dispuestos a atropellar todo por sus oscuros intereses. Solo la ciudadanía honesta y consciente puede ponerles un freno.
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