Con la cabeza y no con la pañoleta

Hoy no es un domingo cualquiera para quedarse en la casa a tomar tereré, preparar el asado y dejar que termine la jornada por sí sola. Este domingo, las escuelas de todo el país se convierten en el verdadero epicentro de la democracia paraguaya.

Es el Día “D”. Hoy elegimos a quienes van a administrar nuestra casa, o sea, los intendentes y concejales, responsables directos de, si el colectivo pasa a hora, si la basura se junta o si la vereda de la esquina sigue siendo un peligro para nuestros abuelos.

Antes de entrar al cuarto oscuro y pararte frente a la máquina de votación, hacé un simple ejercicio de honestidad. Salí a la calle, caminá dos cuadras hacia tu local de votación y mirá a tu alrededor. Mirá los baches que revientan los vehículos de la gente que se rompe el lomo trabajando, mirá los yuyales en las plazas que deberían ser para los chicos y recordá cuántas veces te llenaste de rabia por el raudal se forma con cada lluvia mientras las autoridades miraban para otro lado. ¿Realmente esta es la calidad de vida que nos merecemos?

Durante décadas nos vendieron el cuento de que hay que votar “de punta a punta” por la lista de la bandera, como si fuera que el color del partido ganador va a tapar los baches o a arreglar el alumbrado público. La corrupción no tiene color ni distinción de movimiento. Votar a ciegas por mera costumbre o por la promesa de un contrato colectivo miserable en la comuna es una trampa que terminamos pagando muy cara durante cinco largos años.

El voto no se vende por un “cien mil” que se esfuma en la despensa al día siguiente; el voto se usa como un castigo democrático e implacable contra los oportunistas.

Por suerte, en medio del cansancio ciudadano, también aparece una pequeña luz. En estas elecciones vemos a una camada de candidatos jóvenes y profesionales preparados de diversos sectores que decidieron meterse en la política de verdad, no para vivir del presupuesto comunal, sino para servir. Hay perfiles que estudiaron, que conocen los problemas de sus barrios y que presentan propuestas serias. A esos hay que mirar con lupa, no al político mañero que aparece dos semanas antes a repartir víveres y abrazar a mujeres y niños en las calles, para después ni siquiera bajar la ventanilla de su camioneta polarizada cuando pasa por la cuadra, si es que viene.

Hoy la decisión está en la punta de nuestros dedos. No le regalemos nuestras ciudades a la claque que se reparte el municipio como un botín de guerra. Cuando toques la pantalla de la máquina, no lo hagas por inercia; hacelo con memoria, con dignidad y con la firme convicción de que ese voto es la única herramienta capaz de jubilar a los sinvergüenzas de siempre, que simplemente son buenos para nada.

jose.peralta@abc.com.py

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