Construyendo conciencia ciudadana

Las elecciones municipales en todo Paraguay ya quedaron atrás. Fuimos convocados a elegir libremente a quienes tendrán la responsabilidad de administrar nuestras ciudades. Como resultado de esa jornada, nos quedan alegrías, sorpresas, decepciones y, como no podía ser de otra forma, situaciones que nos invitan -o al menos deberían- invitar a reflexionar.

Empecemos por lo bueno, que existió y merece destaque. La rápida divulgación de los resultados por parte de la Justicia Electoral, ¡felicitaciones! También la participación ciudadana, que no se dejó intimidar por la tormenta del día anterior. Hubo convocatoria, organización, y la gente acudió, con sus aciertos y defectos, a cumplir con su responsabilidad.

También tenemos la otra cara. La compra aviesa de votos, la inducción descarada a votar por uno u otro candidato y las famosas «bocas de urna», prohibidas por la ley, siguen formando parte del paisaje electoral. Preocupa más aún que detrás de estas últimas aparecen agencias y profesionales de larga trayectoria, que por eso mismo ya deberían haberse “enderezado” o ser borrados del mercado. Lo que se dice “ya nos conocemos todos”. Ni qué decir de los carteles, pegatinas y pasacalles que ensucian nuestras ciudades y que, terminada la fiesta electoral, quedan allí como deslucidos recuerdos de los candidatos.

Tampoco faltaron los sesudos análisis… del día siguiente. En Paraguay parece haber más oráculos que en la antigua Grecia. Estos personajes, importados directo de Delfos, pueden explicar por qué ganó uno y perdió otro. Qué importante es identificar a los perifoneros de la política, que descubren la verdad con el diario del lunes en las manos, y exigirles que alguna vez asuman la responsabilidad por sus dichos.

Cosa inexplicable: que en tantas localidades sus residentes sigan eligiendo administraciones que, honestamente, tienen a sus ciudades a la miseria. ¿Será que no vemos lo que tenemos delante de los ojos o que ya nos acostumbramos a vivir así?

Esto nos lleva a lo siguiente: En una lógica increíble, porque no la tiene, muchas personas, independientemente de su preparación, experiencia y criterio propio, votan casi religiosamente por su partido, sin importar quién sea el candidato. ¡Puede ser Drácula o el Pato Donald! La camiseta parece pesar más que la capacidad, la honestidad o los antecedentes, y en esas manos depositan los recursos.

Construir conciencia ciudadana implica empezar a cambiar estas cosas. Ser críticos, reconocer lo que está bien, señalar lo que está mal y dejar de justificar lo injustificable. No basta con quejarnos y sufrir 5 años para hacer la misma cosa en la siguiente elección. Aquí aplica una regla demasiado sencilla: “Si no cambiamos de doctor y receta, no se va a curar el enfermo”.

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