Desde este lunes entrará en vigencia de la Resolución Nº 472 del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), que eleva la mezcla obligatoria de biodiésel en el gasoil tipo III (común) a un rango de entre 8% y 10%, una de las principales consultas de los usuarios es si el nuevo combustible (B8 y B10) puede afectar el funcionamiento de sus vehículos.
El presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles y Energías Renovables (Biocap), Massimiliano Corsi, aseguró que el aumento de la mezcla obligatoria de biodiésel, que pasa del 5% actual a un rango de entre 8% y 10%, no debería causar daños a los motores de los vehículos.
Según afirmó a ABC, una mezcla mínima del 8% no debería ocasionar inconvenientes siempre que tanto el biodiésel como el combustible final cumplan con las especificaciones técnicas establecidas.
“No creemos que esto vaya a afectar los motores. Estamos hablando de un porcentaje muy cercano al 7% que ya se utilizaba y existen países que emplean mezclas incluso superiores sin inconvenientes”, sostuvo.
En este sentido, la Cámara de Distribuidores de Automotores y Maquinarias (Cadam) había solicitado formalmente que el porcentaje máximo de mezcla obligatoria para el Gasoil Tipo III se mantenga entre el 5% y el 7%, pues según indicó realizó consultas a distintos fabricantes internacionales y que algunas marcas no pueden garantizar el correcto funcionamiento de motores diésel si ese porcentaje es superado.
El ejemplo de Brasil, que tiene toda una industria automotriz desarrollada
Como ejemplo, Corsi mencionó a Brasil, donde actualmente se comercializa diésel con una mezcla superior al 15% de biodiésel y se realizan estudios para elevar ese porcentaje hasta el 25%.
No obstante, durante la entrevista se le planteó al empresario que Brasil cuenta con una industria automotriz desarrollada, donde los fabricantes realizan pruebas y homologaciones para mezclas superiores de biodiésel. En contraste, Paraguay depende principalmente de vehículos importados, cuyos fabricantes establecen especificaciones sobre el combustible recomendado.
Corsi también citó experiencias de Argentina y Estados Unidos, donde los biocombustibles forman parte de la matriz energética desde hace varios años.
La postura de Biocap contrasta con la expresada por otros sectores de la cadena de combustibles.
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En los últimos días, gremios como Cadam, Cadipac y Dicapar manifestaron que todavía existen dudas respecto a la compatibilidad del nuevo combustible con determinados motores diésel.
Entre sus principales preocupaciones figuran los vehículos de alta gama, maquinarias agrícolas y unidades más antiguas cuyos fabricantes recomiendan porcentajes específicos de biodiésel.
También señalaron que algunos fabricantes podrían limitar o desconocer garantías cuando se utilicen combustibles distintos a los especificados en los manuales.
Ante estas observaciones, Corsi sostuvo que Biocap está dispuesta a participar en mesas técnicas de diálogo con importadores y distribuidores para atender las inquietudes del sector, aunque insistió en que esos desafíos no deben frenar el desarrollo de la industria.
Aumento de mezcla del biodiésel: ¿Subirá el precio del gasoil común?
Otra de las dudas recurrentes entre los consumidores es si con la nueva mezcla encarecerá el precio del diésel común.
Sobre ese punto, el titular de Biocap reconoció que el biodiésel puede tener un costo superior al del diésel fósil, dependiendo de la cotización internacional.
No obstante, aseguró que la incidencia sobre el precio final sería reducida.
“Cuando existe una diferencia, estamos hablando de una incidencia de entre 20 y 40 guaraníes por litro. No estamos hablando de un impacto importante sobre el consumidor”, afirmó.
Añadió que el contexto internacional también puede modificar esa relación de precios, especialmente ante la volatilidad del mercado petrolero derivada de los conflictos geopolíticos.
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Biocap: “Hay que mirar el beneficio completo”
Más allá del precio por litro, el presidente de Biocap sostuvo que el análisis debe considerar otros beneficios económicos.
Entre ellos menciona la reducción de la dependencia del diésel importado, el ahorro de divisas, la industrialización del aceite de soja, la generación de empleo y el fortalecimiento de la seguridad energética.
Según Corsi, el biodiésel debe entenderse como una política estratégica para el país y no únicamente como un componente adicional del combustible.
Asimismo, reconoció que el nuevo esquema de mezcla obligatoria exigirá inversiones en infraestructura, adecuaciones tecnológicas y mejoras logísticas tanto para productores como para importadores y distribuidores.
También admitió que el crecimiento de la industria deberá ir acompañado por controles de calidad permanentes y un proceso de coordinación entre el sector público y privado.
No obstante, insistió en que esos desafíos forman parte de la evolución natural de cualquier política industrial.
“Si nunca damos el paso, nunca vamos a desarrollar una industria sólida”, sostuvo.
Corsi sostuvo que el aumento de la mezcla de biodiésel también responde a los compromisos ambientales asumidos por Paraguay en el marco del Acuerdo de París. Según afirmó, el uso de biocombustibles en el transporte constituye una de las herramientas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y avanzar hacia una transición energética sin dejar de impulsar el desarrollo industrial.