Paraguay atrae inversiones, pero enfrenta desafíos estructurales

Imagen alusiva a finanzas. Se ven billetes de dólares sobre un fondo de gráficos.

Según un artículo publicado por The Economist, en el aeropuerto de Asunción el flujo constante de viajeros refleja una transformación económica en marcha. En 2025, el país registró la llegada de 3,7 millones de visitantes internacionales, lo que duplicó la cifra reportada en 2024. De manera paralela, las autoridades migratorias contabilizaron 47.600 solicitudes de residencia en el último año, lo que representa un récord histórico y un incremento del 63% en comparación con 2024. Este dinamismo no es fortuito, sino el resultado de dos décadas de gestión macroeconómica prudente y previsible.

Tras superar una severa crisis financiera en el año 2003, los responsables de la política económica paraguaya fortalecieron la disciplina fiscal, consolidaron el Banco Central del Paraguay (BCP) y lograron contener la inflación. Como resultado, las agencias calificadoras concedieron a la deuda soberana del país la categoría de grado de inversión, un reconocimiento otorgado únicamente a seis países en toda Latinoamérica.

En los últimos años, el gobierno buscó posicionar a Paraguay como un centro manufacturero enfocado en la exportación. Para lograrlo, se simplificaron trámites y se amplió el alcance del régimen de maquila, mediante el cual las empresas pueden importar insumos libres de aranceles y tributar únicamente una tasa del 1% sobre el valor agregado, lo que logró que esta estructura impositiva resulte sumamente atractiva para las industrias.

Así, las exportaciones de rubros como autopartes, confecciones textiles y prendas de vestir fueron 25% superiores en 2025 respecto a 2019, lo que contribuyó al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que alcanzó 6,6%. Este dinamismo estuvo impulsado principalmente por empresas locales que ampliaron sus operaciones en un contexto de mayor confianza, así como por inversiones provenientes de países vecinos. En particular, fabricantes de Brasil y Argentina, ante mayores cargas impositivas y regulaciones en sus mercados de origen, optaron por trasladar parte de su producción a Paraguay.

Aunque el Gobierno plantea que Paraguay podría superar a Chile y Uruguay en ingreso per cápita, la meta aún luce lejana. Uno de cada cinco paraguayos vive bajo la línea de pobreza y la economía depende fuertemente del sector primario. Los alimentos concentran casi el 70% de las exportaciones, mientras que la maquila representa apenas 2,5% del PIB y se concentra en bienes de bajo valor agregado.

Paraguay atrae inversiones, pero enfrenta desafíos estructurales

Para impulsar un crecimiento de mayor complejidad, se requiere una fuerza laboral más capacitada. Sin embargo, el gasto público en educación representa apenas el 3,5% del PIB, que se encuentra entre los niveles más bajos de la región.

También, la infraestructura constituye otra restricción severa para el desarrollo, ya que solamente el 16% de las carreteras se encuentra pavimentado, lo que provoca que el transporte terrestre concentre cerca del 26% de los costos de exportación. A su vez, el aeropuerto de Asunción enfrenta dificultades para absorber el aumento del tráfico.

Por su condición de país mediterráneo, Paraguay depende de la vía navegable Paraná-Paraguay (de 3.400 km) para canalizar su comercio, aunque las sequías entorpecen la navegación en diversos tramos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula que el país requerirá unos 10.000 millones de dólares hacia 2030 para modernizar carreteras, aeropuertos y transporte urbano. Del mismo modo, a pesar de disponer de abundante energía hidroeléctrica de bajo costo, la red eléctrica sufre frecuentes cortes de suministro.

Afrontar estas inversiones exige recursos públicos, pero el margen fiscal es limitado. La recaudación tributaria equivale solo al 16% del PIB, en comparación con el 22% promedio en Latinoamérica y el 34% en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), debido a una extensa economía informal.

Con esto, elevar impuestos resulta políticamente complejo por la baja confianza en el Estado y el riesgo de debilitar la principal atracción para los inversores: los bajos costos y la ligera regulación.

Finalmente, si bien el grado de inversión permite acceder a crédito externo en condiciones favorables, atraer capital privado hacia la infraestructura exige fortalecer las instituciones, dado que el país ocupa el puesto 150 entre 182 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Combatir la cultura de sobornos resulta un reto más complejo que reducir la burocracia, pero constituye un paso indispensable para sostener el crecimiento.

* Este artículo fue elaborado por MF Economía e Inversiones.

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