El punto clave es la fase REM (siglas en inglés de rapid eye movement), un período del sueño asociado en las personas a experiencias oníricas vívidas. En mamíferos como los gatos, los registros de electroencefalograma muestran que, durante REM, el cerebro adopta un patrón “activado”, más cercano a la vigilia que al sueño profundo: hay mayor actividad cortical, cambios en la respiración y movimientos oculares rápidos, incluso cuando el animal permanece aparentemente inmóvil.
Buena parte del conocimiento moderno sobre el sueño REM se apoyó en investigaciones clásicas con felinos.
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En los años 60, el neurofisiólogo Michel Jouvet describió en gatos una característica decisiva: la atonía muscular, un “apagado” de los músculos que evita que el cuerpo ejecute lo que el cerebro “simula” en el sueño.
Cuando esa atonía se altera experimentalmente, los animales pueden levantarse, caminar o “cazar” mientras siguen en REM. Para muchos especialistas, esa disociación —cerebro en modo REM con cuerpo actuando— sugiere que el sistema nervioso está generando escenas internas, aunque no permite conocer su contenido.
¿Eso significa que sueñan con ratones?
La evidencia es indirecta. Los estudios de neurociencia comparada sostienen que en REM el cerebro procesa recuerdos y aprendizajes, y reorganiza información reciente.
En roedores se ha observado “repetición” de patrones neuronales ligados a experiencias de exploración; en otras palabras, el hipocampo puede reactivar secuencias como si el animal recorriera de nuevo un trayecto.
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En gatos, aunque la investigación moderna es menos abundante que en humanos o ratones, las señales fisiológicas de REM y los comportamientos asociados —twitches, vocalizaciones ocasionales, microgestos— encajan con la idea de una actividad mental rica, probablemente relacionada con su vida diaria: caza, juego, interacciones y territorio.
La prudencia, sin embargo, es parte del consenso científico: soñar no es solo mover las patas.
La atonía parcial, las sacudidas musculares y los cambios autonómicos no “prueban” un argumento narrativo en la mente del gato; describen un estado cerebral compatible con los sueños.
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Lo más razonable hoy es afirmar que los gatos presentan sueño REM y una dinámica neural muy parecida a la que en humanos acompaña la experiencia onírica. Si en ese “cine interno” aparecen ratones, juguetes o el sonido de una lata al abrirse, sigue siendo misterio privado del felino.