2 de octubre de 2026

Te acostás agotado, pero a las pocas horas aparece el mismo patrón: sueño intenso, miedo, despertar brusco y una sensación que se queda pegada al cuerpo. Tener pesadillas todos los días puede volverse una rutina que desgasta.


Quien convive con un gato lo ha visto varias veces: el animal duerme, mueve las orejas, sus patas “corren” en el aire y los bigotes tiemblan. La tentación es inmediata: “está soñando”. La ciencia, aunque no puede preguntarles qué vieron en ese sueño, sí ha logrado describir con detalle qué ocurre en su cerebro y en su cuerpo durante el descanso, y por qué esa actividad se parece tanto a la de los sueños humanos.

Cada mañana, durante unos segundos, el sueño aún parece tangible. Luego se disuelve: escenas inconexas, rostros que no se nombran, emociones sin explicación. Para muchas personas, llevar un “diario de sueños” o anotar lo recordado apenas despertar, se ha convertido en una práctica cotidiana. Más allá de la curiosidad, la propuesta promete algo ambicioso: mejorar el bienestar.