Diego Fabián Mendoza Maldonado tiene 30 años, dos hijos pequeños y una sentencia que no dictó un juez, sino el precario sistema de salud paraguayo. A pesar de ser un paciente con cirrosis de etiología autoinmune e hipertensión portal en etapa crítica, el Ministerio de Salud, el Instituto de Previsión Social (IPS) y el Gobierno, le han cerrado las puertas a la única solución definitiva: un trasplante hepático.
Desde el 2021, la vida de Diego se ha convertido en una cuenta regresiva, tras ser diagnosticado en el IPS, donde lleva su tratamiento desde ese entonces. Lo que comenzó como un diagnóstico manejable ha evolucionado hacia un fallo hepático inminente debido a la falta de respuestas del sistema de salud paraguayo.
Documentos médicos revelan un panorama desolador. Una tomografía de diciembre de 2025 detectó un nódulo de 25 mm con sospecha de malignidad, mientras que una endoscopía realizada el 27 de marzo confirmó várices esofágicas grado III con “puntos rojos”, una señal de alerta máxima por riesgo de hemorragia mortal.
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Sistema sanitario no da respuesta
Diego contó a ABC que la respuesta de las instituciones que deberían garantizarle atención médica, es desalentadora. “Acá, prácticamente lo que pueden ayudar es a darme medicamentos para reducir los dolores y tratar de aplacar la enfermedad; cosas que no van a solucionar”, relató con mucho pesar.
El joven solo busca salvar su vida y ser un buen padre para sus hijos de 9 y 6 años, pero la respuesta es siempre la misma: debe buscar opciones en el extranjero. En reiteradas ocasiones, Diego ha golpeado las puertas de la Itaipú Binacional y del Ministerio de Salud Pública (MSPBS) para que se solvente su tratamiento en el extranjero o se busquen los medios de realizar el trasplante en Paraguay.
El procedimiento de trasplante hepático en el sector público paraguayo está prácticamente en pausa desde 2017. Históricamente, el Hospital de Clínicas de la Facultad de Ciencias Médicas (UNA) ha sido el único centro asistencial público capacitado para realizar estas intervenciones.
El muro de la nacionalidad y la economía
La esperanza que Diego albergaba se marchitó también en el exterior. Viajó a la Argentina buscando una oportunidad, pero se encontró con la barrera legal; para ingresar a la lista de espera de trasplantes debe residir un año en el vecino país.
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La exigencia fue imposible de cumplir para un joven padre que subsiste con una media jubilación por invalidez y que apenas puede costear su día a día. “Prácticamente me dicen: vete vos. Intenté apelar a la solidaridad de la Itaipú, del Ministerio de Salud, pero aún no salió nada. En Brasil no tengo conocidos y en Argentina le dan prioridad a sus ciudadanos. Me siento totalmente imposibilitado, atado de pies y manos”, confesó.
“Solo quiero una oportunidad de vivir”
Mientras el IPS se limita a tratar las complicaciones médicas, no ataca la raíz del problema. Diego sabe que cada tratamiento paliativo es solo un “parche” para ganar unos días más.
“Lo único que me gustaría es tener una segunda oportunidad para poder estar con mis hijos, para salir adelante. Me considero joven todavía, tengo 30 años y quisiera tener un futuro, pero lastimosamente acá, en Paraguay, me están matando”, expresó con mucha pena.
Su caso no es solo una ficha médica; es el grito de un padre que se resiste a morir y pide a gritos, ayuda al Estado.