Los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) 2025 muestran los deciles de los ingresos de los paraguayos. El decil de mayores ingresos se queda con el 34,5% del ingreso total del país; el de menores ingresos, con el 2,1%. Si se suman los dos deciles superiores, la porción llega al 49,5%, según cálculos de ABC Negocios con base en datos del INE. La mitad de la población con menos ingresos, en cambio, reúne apenas el 22,1%.
El promedio engaña
El ingreso per cápita mensual promedio del país, todo lo que entra al hogar, dividido entre sus miembros, es de G. 2,34 millones. Pero el séptimo decil, que ya está por encima de la mitad de la tabla, apenas llega en promedio a G. 2,16 millones. Es decir, cerca del 70% de la población vive con menos que el promedio nacional.
Para una empresa que define precios, plazos de financiación o el lanzamiento de un producto, la diferencia no es menor. El grueso del mercado, del cuarto al octavo decil, se mueve entre G. 1,3 y G. 2,7 millones por persona al mes.
En el mercado laboral el cuadro se repite. Según la EPHC del tercer trimestre de 2025, el 62,4% de los ocupados ganaba menos que el salario mínimo vigente entonces (G. 2,9 millones), y apenas el 0,9% superaba los G. 15 millones mensuales. Desde julio de 2026, el mínimo es de G. 3.044.000.
El escalón que lo cambia todo
La pirámide no crece de forma pareja. Entre el primer y el noveno decil el ingreso promedio se multiplica por siete: de G. 493.000 a G. 3,5 millones. Pero en un solo escalón, del noveno al décimo, se duplica con creces y salta a G. 8,1 millones.
Esa distancia de G. 4,6 millones por persona separa dos mercados distintos. Por un lado, el de consumo masivo, sensible al precio y al crédito. Por el otro, un segmento reducido con capacidad para la vivienda, el vehículo nuevo, la salud privada o los viajes al exterior.
La diferencia entre la ciudad y el campo
El dato que llama la atención está en el interior. El 10% más rico del área rural percibe en promedio G. 7,93 millones por persona, prácticamente lo mismo que su par urbano (G. 7,92 millones). La diferencia está abajo: el decil más pobre del campo vive con G. 351.000, frente a G. 635.000 en las ciudades.
Por eso la concentración rural es mayor. Allí el decil superior se queda con el 42,8% del ingreso y gana 22,6 veces más que el inferior; en las ciudades la relación es de 12,5 veces. El índice de Gini rural subió de 0,484 en 2024 a 0,502 en 2025, mientras que el urbano bajó de 0,412 a 0,397 y el nacional, de 0,439 a 0,431.
Sueldos que suben, brechas que siguen
En el segundo trimestre de 2026, el ingreso laboral promedio de los ocupados llegó a G. 3,31 millones, por encima de los G. 3,22 millones del promedio anual 2025, según datos del INE procesados por MF Economía e Inversiones.
Para las empresas importa de dónde viene el ingreso. Un empleado público percibe en promedio G. 5,32 millones mensuales; uno del sector privado, G. 3,47 millones: G. 1,85 millones de diferencia. Más abajo se ubican los trabajadores independientes (G. 2,84 millones) y el trabajo doméstico (G. 1,91 millones).
La brecha de género no cede. En el segundo trimestre de 2026 los hombres ganaron en promedio G. 3,64 millones y las mujeres, G. 2,86 millones: G. 779.400 menos por mes. Ellas perciben el 78,6% de lo que ganan ellos.
Dos mercados y dos estrategias
Abajo, del primer al octavo decil, está el mercado masivo: ocho de cada diez personas, con ingresos per cápita de G. 493.000 a G. 2,7 millones, donde el precio, la cuota y el plazo deciden la compra. Arriba, el 10% superior, con G. 8,1 millones por persona, es un nicho reducido pero con capacidad de pago, donde la calidad, el servicio y la experiencia pesan más que el precio. Entre ambos, el noveno decil, con G. 3,5 millones, funciona como segmento aspiracional: una clase media alta que puede dar el salto a productos de mayor valor si encuentra financiación.
El tipo de empleo y el territorio agregan filtros. El empleado público, con G. 5,32 millones mensuales e ingreso estable, es un cliente natural para el crédito de consumo. En el interior, en cambio, conviven una cima rural con el mismo poder de compra que la urbana y una base mucho más pobre: vender en el campo exige segmentar dentro de un mismo departamento.




